“Lesbianas, vampiros, monjas, satanismo y brujas, ¿te la vas a perder?” Es una seductora invitación a ver Alucarda, la hija de las tinieblas (1977), un largometraje caracterizado por su representación excesiva y transgresora de un erotismo supuestamente perverso. En PLACERFEM se estimula la reflexión en torno a cualquier tipo de deseo; por tanto, la penúltima proyección semestral del cineclub La ruta de los placeres indóciles se dedicó a la película gótica de Juan Esteban López Moctezuma. En esta ocasión, Gabriela Román Mérida, apasionada del terror y especialista en cine mexicano, guió la conversación en torno a Alucarda.
La cinta se centra en la relación entre Alucarda y Justine, dos jóvenes habitantes de un orfanato religioso predominantemente femenino. Ambas sellan su amor sáfico mediante un pacto demoníaco que pone en crisis el espacio sacro que constriñe su corporalidad y su deseo. El placer sexual entre mujeres se convierte en una práctica pecaminosa únicamente admisible en el plano de lo diabólico. Desde la perspectiva católica, tal infracción amerita una serie de prácticas que violentan el cuerpo. En primer lugar, se flagela a las monjas penitentes, quienes hieren su carne a cambio de perdón y protección divina; por otro lado, se intenta disciplinar el cuerpo de las herejes mediante un cruento exorcismo fallido.
Las crudas escenas anteriormente descritas suscitan el morbo de los espectadores, quienes presencian la crueldad ejercida sobre los vulnerables personajes femeninos para luego salir de la sala —esto no fue excepción para el cineclub—. Al terminar la proyección, Gabriela Román no sólo compartió su vasto conocimiento respecto al director y su obra, sino también estimuló una mirada crítica en torno a Alucarda. A través de esta perspectiva se problematizó el aura sensacionalista construida alrededor del largometraje y de su rodaje, al cual se le adjudican tratos fáusticos, orgías y acontecimientos sobrenaturales. En suma, la comunidad cinéfila trasladó los acontecimientos ficcionales al plano de la realidad. El esoterismo desplegado en pantalla no se correlaciona directamente con la vida de López Moctezuma, cuya cinta sólo responde a las inquietudes y propuestas de la vertiente “pánica” o Grupo Pánico iniciado en los sesenta.
La invitada de esta sesión también vinculó Alucarda con Satánico pandemonium: la sexorcista (1975), otra película mexicana que muestra una figura femenina contraventora de los rígidos preceptos cristianos. Gabriela, debido a su formación como historiadora, exploró sucintamente uno de sus grandes intereses de la carrera: los conventos novohispanos. Las prácticas cismáticas en dichos espacios han sido estudiadas desde su disciplina, el artículo “¿Herejes en claustro? Monjas ante la inquisición novohispana del siglo XVIII” es prueba de ello. Lo anterior invita a la reflexión sobre las transgresiones y las resistencias enfrentadas al discurso hegemónico. Además de estos antecedentes, también se señalaron dos fuertes influencias literarias: Carmilla (1872) —novela irlandesa sobre vampirismo lésbico escrita por Sheridan Le Fanu— y el marqués de Sade, cuyo libro titulado Justine comparte nombre con una de las protagonistas.
Durante esta proyección presenciamos la ambivalencia del gótico en cuanto a su representación del placer. Por un lado, la construcción de la monstruosidad temida puede perpetuar valores conservadores fundamentados en el rechazo a la otredad. Por el contrario, visibilizar lo socialmente inaceptable permite cuestionar los mandatos que hemos naturalizado para reconfigurarlos. Cuando se mira más allá del sensacionalismo, se producen profundas reflexiones sobre nuestras relaciones, deseos y afectos. Las vampiras y las brujas no son meramente seres sobrenaturales, sino también ofrecen lecturas sobre nuestra propia potencia erótica disidente.
Jessica Morales Aguilar







