La prosa de Audre Lorde esta cargada de una sensibilidad poética que pone en escena el goce no sólo de sus personajes, sino también el de la palabra, pues sus textos son como cuerpos que gozan, sufren y transmiten los saberes que las sensaciones les otorgan. Zami: una nueva forma de escribir mi nombre. Una biomitografía, publicada en 1982, es un relato autorreferencial en el que Lorde narra su crecimiento y el desarrollo de su erotismo en un contexto marcado por el racismo y la discriminación de una sociedad repleta de prejuicios y por la violencia de una familia disfuncional en la que cada integrante vive batallas no dichas. Mediante una forma narrativa que mezcla una mitología propia, historia y biografía, la narradora reafirma su identidad en la multiplicidad de todas las historias que la conforman, al mismo tiempo que honra su origen y reconoce la importancia de las personas que la han acompañado a lo largo del camino. El erotismo es un elemento clave de este proceso pues es la fuerza que le da la pauta que ha de seguir.

En su emblemática conferencia “Uses of the Erotic: The Erotic as Power”, publicada en Sister Outsider, Lorde declara que “lo erótico es una medida entre los inicios de nuestro sentido del yo y el caos de nuestros sentimientos más fuertes. Es un estado interno de satisfacción al que, una vez que lo experimentamos, sabemos que podemos aspirar” (1984, 54). En su visión, el erotismo puede ser una forma de autoafirmación en la luminosidad del placer, es una forma de estar en el mundo que reconoce la potencialidad del bienestar y del estado de expansión que nos otorga lo erótico, que, desde esta perspectiva, puede incluir la dimensión sexual pero no se limita a ella, pues es posible erotizar cada aspecto de nuestras vidas. A partir de esta idea, Lorde reconoce el poder transgresor del erotismo, del deseo y del placer y hace hincapié en la importancia del erotismo como herramienta en la resistencia de las mujeres ante las imposiciones tanto del patriarcado como del capitalismo. El erotismo consciente, como fuente de conocimiento, nos conecta con aquello que es ancestral en nuestros cuerpos, con un saber que nos vuelve fuertes y peligrosas. Anh Hua señala que “Lorde nos recuerda la importancia de recuperar y practicar lo que yo llamo “la ética del feminismo placentero”, es decir, la recuperación de la encarnación femenina, el placer femenino y la sensualidad femenina como un sitio sagrado activista para contrarrestar las opresiones patriarcales, raciales y heteronormativas que tantas mujeres experimentamos en nuestra vida diaria” (2015: 113).
Por ejemplo, una experiencia cotidiana y maravillosa como la menstruación es fuente de poderosa sensualidad. Lorde relata su primera menstruación como un despertar hacia ella misma: “sentía mi cuerpo como algo nuevo y especial y desconocido y sospechoso, todo ello al mismo tiempo […] Sentía entre las piernas el leve roce de la suave protuberancia de la compresa de algodón y el delicado olor a pan de frutas que emanaba de delante de mi blusa estampada, mi propio olor de mujer, tibio, vergonzoso, pero, en realidad, totalmente delicioso” (1982: 158). Vivir el cuerpo y sus procesos con la calma de la contemplación en un contexto que puede ser sumamente hostil y violento es descubrir un mundo en constante cambio que es, además, motivo de reflexión y fuente de inspiración.

Sumado a la experiencia del erotismo como fuerza de vida, Lorde aborda la importancia de la comunidad a través del término “zami”, herencia de los orígenes caribeños de su madre, que “designa a aquellas mujeres que colaboran como amigas y amantes” (Lorde, 1982: 528). La autora lo retoma para nombrar su experiencia y re-entenderse a sí misma: “zami” se vuelve una reescritura de su nombre porque se reconoce a ella misma en esta palabra que conjuga su origen, tanto el que simboliza su figura materna como el geográfico que construye su imaginairo, con una fuerza que encuentra y que forma parte de una nueva ética de vida basada en el compañerismo entre mujeres. El autoconocimiento que se adquiere en la práctica del erotismo consciente estaría vacío sin la presencia de la otra, compañera, amante, amiga o incluso simplemente conocida.
Para la autora, reconocer la importancia de las mujeres que han formado parte de su vida es un punto clave para su construcción identitaria. Desde el prólogo que antecede al relato de la novela se pregunta: “¿A quién le debo el poder detrás de mi voz? […] ¿A quién le debo los símbolos de mi supervivencia?” (1982: 7) y adelanta la respuesta: “algunas imágenes de mujeres, llameantes como antorchas, adornan y definen las orillas de mi travesía, se yerguen como diques entre mí y el caos. Son imágenes de mujeres, amables y crueles, las que me conducen a casa” (Lorde, 1982: 3). El aprendizaje no discrimina: Lorde reconoce el conocimiento que tanto la dulzura como el dolor pueden traer. Escribir sobre estas mujeres que iluminan su camino es una forma de agradecimiento y de homenaje. La autora es capaz de mantener esa mirada llena de esperanza porque ha aprendido de cada adiós, de cada separación: “cada mujer a la que he amado en mi vida ha dejado su huella en mí, y en ella he amado alguna parte inestimable, separada de mí —tan separada que tenía que estirarme y crecer para reconocerla—. Y ese crecimiento ha provocado nuestra separación, lugar en el que comienza cualquier trabajo. Otro encuentro” (2023: 527) Así, “zami” se extiende en el tiempo y abarca también el trabajo realizado con las mujeres que atravesaron, aunque fuera por un periodo corto, la vida de Lorde y cuya influencia sigue presente aunque ellas ya no estén ahí. De este modo, la postura que Lorde expresa en esta novela va adquiriendo los tintes de una filosofía de vida, en la que compartir el erotismo, en toda su extensión de fuerza creadora, con otras mujeres es parte del día a día.
Erotismo, cuerpo e identidad confluyen en las aportaciones de Audre Lorde, quien tanto en textos de ficción como en textos de no ficción busca entenderse y defender la potencia creadora del erotismo. La propuesta de esta autora es la de un erotismo politizado que nace desde el auto-entendimiento, afirma al yo y puede contribuir a crear una colectividad solidaria en la que cada cuerpo con su propio erotismo tenga cabida. Lorde aborda la idea del erotismo consciente, pero también expresa un erotismo íntimamente relacionado con el amor: un amor hacia sí misma que nadie le enseñó a cultivar, un amor que abraza las diferencias de las personas que la rodean y, finalmente, un profundo amor a la vida. En Zami no sólo se narran las experiencias amorosas y eróticas de una mujer marginada por su origen, su género y la expresión de su deseo, sino que también se muestra su incansable búsqueda por afecto y compañerismo y su creación de una nueva forma de entenderse a sí misma desde el amor.
Zami ilustra cómo “reconocer el poder de lo erótico en nuestras vidas puede darnos la energía para buscar un cambio genuino en nuestro mundo, en lugar de simplemente conformarnos con un cambio de personajes en el mismo drama agotador” (1984: 59). Y, además de ser una obra conmovedora, poética y franca en su exploración de una sensualidad que recrea el mundo, es un llamado a atrevernos a encarnar el erotismo, tanto en su cualidad de memoria ancestral como en su potencia de creación, conjugando lo colectivo con un yo que se reafirma en sus placeres. Sin duda una lectura imperdible.
Ilse Campos
Bibliografía
Hua, Anh. (2015). “Audre Lorde’s Zami, Erotic Embodied Memory, and the Affirmation of Difference”. A Journal of Women Studies, Vol. 36, No. 1, pp. 113-135. University of Nebraska.
Lorde, A. (1984). “Uses of the Erotic: The Erotic as Power”. En Sister Outsider. New York: Crossing Press
—. (2023). Zami: una nueva forma de escribir mi nombre. Una biomitografía. Trad. Magalí Martínez Solimán. Madrid: Capitán Swing Libros.







