En una entrevista reciente, la actriz Kate Winslet se viralizó por decir que, de adolescente, tuvo sus primeras experiencias íntimas con mujeres y que esto la ayudó a entender la intensidad de la amistad de la protagonista que encarna en Heavenly Creatures1(Variety, Winslet). Esta declaración, por supuesto, no convierte a Winslet en lesbiana ni la hace necesariamente menos heterosexual, pero sí es sintomático de que el nivel de intimidad que se alcanza en las amistades femeninas puede tomar muchas formas. Independientemente de nuestra orientación sexual, es mucho más usual de lo que admitimos en voz alta experimentar distintos tipos de afectos por otras mujeres. De igual manera, es frecuente que nuestras amigas o mujeres cercanas mayores nos hablen de sexualidad. Como Winslet, de adolescente yo también lo viví así con otras chicas, pero aún hoy la complejidad de lo que nace cuando dos mujeres comparten tiempo, intereses, agenda política y/o secretos me parece un misterio emocionante a develar. Es mi propuesta, junto con la de muchas, que estas relaciones —sobre todo las intergeneracionales, por el conocimiento y energía que transmiten— son un terreno político inconquistable gracias a su fuerza y (aparente) sutileza simultánea.
Dos buenos ejemplos de este tipo de relación son The Devil Wears Prada (2006) y Hacks (2021), por el lazo que se crea entre Miranda Priestly y Andrea Sachs, y Deborah Vance y Ava Daniels, respectivamente. En ambas historias, el vínculo inicial entre estos dos pares es profesional y no resulta placentero en lo absoluto, pues existe una tensión jerárquica. Tanto en la serie, Hacks, como en la película, The Devil Wears Prada, está la figura de la mujer exitosa, solitaria y amargada alrededor de sus sesenta años. Ésta, en un momento de desesperación, contrata a una chica mucho más joven que ella hacia el final de sus veintes. Las industrias difieren— en Hacks es la de la comedia standup y en TDWP la de la moda— pero progresivamente, las cuatro mujeres dan destellos de que, para cada una, se trata de una relación que profundiza más allá de lo laboral, puesto que en ella hay eventual complicidad, solidaridad y, según algunas interpretaciones, romance y deseo. Más que analizar de manera exhaustiva momentos específicos de la relación entre Miranda y Andy o Deborah y Ava, en esta reflexión me interesa resaltar el creciente interés cultural que hay por la imagen de la mujer adulta, sobre todo de la mujer envejecida, y sus relaciones con las más jóvenes, así como traer a colación la lectura sobre la ambigüedad romántica, erótica o sexual de éstas para dar cuenta de que el placer se compone de más elementos que sólo el sexo2.
Cuando digo que hay un interés creciente me refiero a la proliferación de fanfiction escrita en torno a las cuatro protagonistas, así como a los números de vistas y taquillas que ambas piezas audiovisuales obtienen. Ejemplos de esto es que Hacks obtuvo cinco temporadas y The Devil Wears Prada tendrá una segunda parte, a pesar de que el largometraje salió hace dos décadas, en el 2006. Los miles de fanfics y cuentas de Instagram y X dedicadas a las interpretaciones lésbicas de Hacks y The Devil Wears Prada muestran la admiración, aprendizaje y lealtad que se da en los vínculos con mujeres de otras generaciones, y cómo los límites de la relación son difusos y crean confusión porque pasan de la condescendencia y el hartazgo a la confianza y la estimulación mutua. Así, el espacio de indeterminación que resulta de la mezcla de afectos en estas relaciones intergeneracionales es llenado en estas reapropiaciones al volver el elemento romántico mucho más explícito y presente.
Por otra parte, ya que en las lecturas lésbicas de estas relaciones se acentúa la parte sexual, debo aclarar que, aunque Miranda y Deborah son madres, no estoy haciendo un equivalente con el paradigma de la MILF (Mom I’d like to fuck), el cual propone que “las madres sexualmente atractivas son una especie de excepción transgresiva” (La Otra, Geerts). Tampoco yéndome hacia la desexualización. Digo más bien que la diferencia de experiencias y de adquisición de conocimiento resultan estimulantes para ambas partes (o sea, tanto para las jóvenes como para las mayores), y que este tipo de estimulación intelectual es un componente importante para el ámbito de lo sexual, aunque sea frecuentemente olvidado. Por lo tanto, este tipo de relaciones no son una excepción que termina por des/hiper sexualizar a las mujeres mayores, sino un resultado de la intimidad particular compartida. Además, como Miranda y Deborah son mujeres de la tercera edad, ya sea que nos inclinemos por las lecturas lésbicas de The Devil Wears Prada y Hacks o por las más heterosexuales, la realidad es que ninguna de las dos opciones resulta heteronormada. La heteronormatividad, siendo el régimen que sostiene la norma social heterosexual, provoca e incentiva la competencia entre las mujeres por la atención masculina y la legitimidad —sobre todo si se trata de una mujer joven ostensiblemente guapa pero sin recursos y otra envejecida y exitosa—, en vez de amistades, relaciones profundas o con límites afectivos difíciles de fijar. En otras palabras, aún si consideramos la relación de Andy y Miranda o de Ava y Deborah 100% heterosexual, ésta no encaja por completo en la normatividad.
Por otro lado, los encabezados y artículos que surgieron recientemente, a raíz de la relación de Cynthia Erivo y Ariana Grande3, sobre que la amistad está tomando el lugar del romance o la pareja, aunque no me parecen dañinos, olvidan que la sexualidad se compone de una plétora de códigos y elementos más allá del sexo. Como Winslet cuando habla sobre sus “primeras experiencias íntimas”, la ambigüedad está por todos lados. No sabemos si se refiere a besos, roces, pláticas, penetración, sexo oral o a cualquier otra de las miles de posibilidades que podamos imaginar cuando alguien habla de intimidad, sexo o placer. En esas relaciones que se dan entre generaciones se transmite conocimiento que amenaza el orden heteronormado de competencia femenina y por lo tanto, aquello que constriñe la vida y las decisiones de las mujeres. Este tipo de vínculo (romántico o no) intergeneracional sirve para lograr alianzas y, a veces, producir distintas visiones del placer y la felicidad femenina.
De esta manera, Hacks y The Devil Wears Prada muestran el creciente interés en representaciones de lazos intelectualmente estimulantes entre mujeres que no son atravesados por la presencia masculina y que contienen potencias amistosas o románticas. Ese reconocimiento de una misma en la otra resulta mucho más emocionante —o al menos culturalmente relevante en este momento— que la clásica historia romántica de la pareja heterosexual4. El elemento de la edad importa no sólo porque hay una conservación y transmisión de conocimiento generacional, sino que también, de abajo hacia arriba, se comparte una perspectiva y energía que también es otro tipo de conocimiento del cual las mujeres mayores se nutren y estimulan. Ahí en donde Miranda y Deborah son duras y frías, Andy y Ava les muestran paciencia y flexibilidad, características (tal vez) de su juventud, que ninguna otra persona les ofrece, mientras que las más jóvenes aprenden de los límites, el prestigio, la experiencia, los errores y los aciertos de sus jefas. Ambas partes gozan porque se crea una relación especial, particular y específica que no es ni de pareja ni maternal/ filial. Ahora nos queda a ambos lados del espectro generacional la responsabilidad de buscar esos vínculos, cuidarlos, resaltarlos, narrarlos, representarlos, permitirnos vivirlos sin penas ni vergüenzas y celebrar el placer de experimentarlo.
Sara Estrada
Notas al pie
(1) Esto resulta un tanto irónico porque Heavenly Creatures parece presentar un caso en donde las amistades “intensas” o “incontenidas” entre mujeres terminan en asesinato.
(2) En la cultura popular lésbica anglófona, el tropo de la mujer adulta que seduce a una mujer mucho menor es un cliché, un avatar estrechamente ligado a una historia de profunda lesbofobia. Desde la ficción pulp de la década de los cincuenta hasta las representaciones cinematográficas contemporáneas, este tropo ha sido utilizado para dañar las imágenes de las lesbianas puesto que son retratadas como seductoras de “niñas” o menores de edad. En estas representaciones las lesbianas, siempre las mayores, son personas con algún trastorno mental y que infringen violencia (física, emocional, sexual) a otras. Ante esto, la comunidad lésbica se ha reapropiado de ese tropo al rescatar historias de amores con una diferencia de edad que no resulta en la patologización de este tipo de relaciones.
(3) Las interacciones de las protagonistas de Wicked (2024) han sido leídas como románticas dado que, en las ruedas de prensa, éstas se tocan, se cuidan y hablan bien de la otra virtualmente todo el tiempo que están frente a la cámara. La opinión pública, aunque diversa, refleja un consenso en que culturalmente le asignamos valores negativos a las amistades que “no conocen sus límites”. Es decir que si en una relación platónica existen gestos que se parezcan a los que se tiene con las parejas, se le etiqueta de intensa y ya no puede más pasar desapercibida o como algo “inocente” y recibe la reprobación del público.
(4) Vemos estos vínculos todo el tiempo fuera de la ficción, por ejemplo, en las relaciones laborales-amistosas que tienen las directoras de cine con sus actrices favoritas: Greta Gerwig (42) y Saoirse Ronan (31) o Sofia Coppola (54) y Kristen Dunst (43), pero hacen falta esas historias.
Citas
Entrevista Kate Winslet https://variety.com/2025/film/news/kate-winslet-first-intimate-experiences-women-12366186 94/
Artículo “Sexo y Maternidad” https://www.laotrarevista.com/2020/04/ambar-geerts-zapien/







