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El deseo en el dolor: Un (breve) recorrido histórico de las prácticas sadomasoquistas.

La artista Lady Gaga caracterizada en la estética del BDSM propia de los años 80s

La introducción que tuve del sadomasoquismo (S/M) en mi vida fue a través de la cultura pop. En las películas, la cultura y el arte hay una influencia particular de la estética sadomasoquista: cuero, látex, cuerdas y vendajes son cosas que se adaptaron al mundo de la moda y se han ido uniendo al guardarropa como una prenda básica. El cine erótico rescató la sensualidad de la práctica sadomasoquista, como se puede ver en Sex, Lies and Videotape (1989), The Piano Teacher (2001), Secretary (2002), y en Babygirl (2023), por mencionar algunos ejemplos a los que no les ha ido mal en la crítica.  La música también se ha visto influenciada por la estética sadomasoquista, específicamente el metal, con bandas como Slipknot, que hicieron parte de su identidad visual los instrumentos de las prácticas sadomasoquistas.

 Dada la reincidencia de esta moda en internet,  nadie podía dejar de hablar al respecto. Mi cabeza empezó a dar vueltas en torno  a este fenómeno cultural y cómo es que se ha adaptado al estilo de vida queer, así como al heterosexual: en hombres y mujeres, en la élite y en la periferia. 

En los foros de discusión me encontré con la controversia que causa este tipo de deseo en el feminismo, en la psicología, en la psiquiatría y en la filosofía, así que traté de entender la práctica sexual del sadomasoquismo desde una mirada erótica y no científica. 

La concepción del sadomasoquismo de hoy en día surge en el siglo XIX, con el manual del psiquiatra Richard Von-Krafft-Ebbing, titulado Psychopathia Sexualis, y publicado en 1886. Ahí se nombra a las prácticas sexuales asociadas al placer y al dolor. Ambos términos surgen de la literatura:  el “sadismo”, derivado de los textos del Marqués de Sade, y masoquismo”, derivado de los relatos de Leopold Von Sacher Masoch. El conjunto de las dos palabras, sadomasoquismo, es como se le empieza a conocer en el siglo XX a una serie de prácticas que involucran el dolor y el placer. Varios autores como Deleuze propusieron la separación de estos, pero para fines prácticos me referiré a la práctica como sadomasoquismo. 

A principios del siglo XX, las tendencias sadomasoquistas eran consideradas en foros científicos y psiquiátricos  como “excesivas” o “perversas”. Cuando se hablaba de tendencias sádicas sexuales masculinas, se les veía como algo dentro de lo común en la sexualidad del hombre, pero cuando se hablaba de disfrutarlo se evocaba  como algo excesivo, ya que se creía que estos individuos eran seres primitivos que tenían una regresión a las conductas barbáricas evolutivas. En el debate psicoanalítico, el masoquismo sexual femenino se veía como un vínculo con aquella sumisión natural de la que la mujer huyó, y entonces construía una versión perversa y excesiva en un intento de manipular a otros para cometer crímenes o evitar el acoplamiento normativo, imponiendo su propia agencia inapropiada. Esto nos muestra que los conceptos, aunque heteronormados, eran etiquetados como excesivos y, por lo tanto, enfermos.

Portada de The Night Porter de Liliana Cavani.

Pero, ¿qué pasaba cuando era al revés? Se creía que el masoquismo latente era la sexualidad natural de la mujer, pero cuando se manifestaba en los hombres era visto como algo aberrante y degenerado. Por otro lado, la agencia sádica manifestada en mujeres,era vista como una atrocidad, pues se asociaba con una  concepción retorcida de la feminidad, en tanto que la mujer trataba de salir de su papel servicial ante los hombres  y representaba una amenaza para la sociedad. A pesar de que sus pacientes sadomasoquistas dijeran entender su deseo, Krafft-Ebbing decidió que no tenían conciencia de ellos mismos, y que la perversidad de estos sujetos era un hecho visible en sus genes, que explicaba por qué se suscitan perversiones en la conducta sexual de los individuos.  Además, afirmaba que en las grandes ciudades existían más pervertidos sexuales, ya que, según él, los episodios de decaimiento moral siempre coinciden con la progresión de la feminidad y el exceso de lujuria en las naciones.Esto nos ayuda a entender el sadomasoquismo desde la heteronormatividad; sin embargo, estas prácticas están altamente relacionadas con las personas homosexuales. ¿Por qué? Se debe a que en el siglo pasado hubo una compleja confluencia de tendencias que propiciaron el surgimiento de  subculturas sexuales, específicamente homosexuales masculinas. Esto legitimó una serie de nuevas medidas represivas dirigidas a poblaciones disidentes y mayoritariamente proletarias, que hicieron que  el S/M se relacionara históricamente con la comunidad queer.

Tim Curry en el set de El Show de Terror de Rocky (1975) 

Ahora que conocemos la historia de este concepto entendemos por qué por qué la población y los especialistas  (doctores, psiquiatras y psicólogos) han marginado a aquellas personas que practican el sadomasoquismo, degenerando dicha práctica y convirtiéndola en algo vergonzoso y  polémico. Pero ¿si empezáramos a entender al sadomasoquismo como una estética en vez de como una patología, los sentimientos asociados a la vergüenza se verían cambiados de una  u otra manera? El sadomasoquismo, entendido  como una práctica estética, se resiste a una esencialización de la sexualidad, ya que médicamente es muy difícil explicar por qué aquello que me duele me causa placer. Desde el debate foucaltiano, estas personas están poniendo en práctica muchos juegos de poder, como el interés y la curiosidad, la astucia y la manipulación, y según el autor, “en  una cultura en la que el sexo ya no representa el reto que antes era, estas estrategias fueron incorporadas en el acto sexual para intensificar el placer y evitar el aburrimiento” (Foucault, “Sexo, poder y políticas de la identidad”)

Baudrillard (1979) debate que el sadomasoquismo se construye como una interpretación estética posmoderna debido al momento cultural en el que se populariza, ya que es un acto construido de forma ritualística y reversible, que “contrasta con lo que se postula que es una estructura real ya que esta se va inscribiendo en una dinámica verbal y visual, en la que hay una teatralidad y una actuación que no se inscribe en la vida real del individuo.”

El S/M es una obra de teatro que pareciera hacer una sátira de los roles impuestos por medio de una seducción no convencional. La autora Susan Farr (1981) lo expone muy bien cuando narra su experiencia practicando este tipo de juegos sexuales en una relación lésbica, exponiendo que una no es ama y la otra esclava, o una  la que manda y la otra la que obedece, sino que una  no está completamente sometida y la otra tampoco  es la que somete totalmente. Esto abre la posibilidad de que, cuando se participa en un ritual de agresión, se acuerde una palabra, que hace que la cortina se pueda bajar cuando cualquiera de los dos actores quiere acabar la obra e irse a casa. Después de todo no es solo crear la escena, es crear el escenario. El simbolismo toma un papel muy importante en este tipo de dinámicas, que son nombradas como contratos entre los dos individuos. Son polos eróticos definidos por un significante de pasión, de confianza y de intensidad, que fluyen en una situación totalmente consensuada.

Tomada de la revista Taste of Latex (1990).

La idea de que el S/M está asociado con una violencia de orden más profundo o inconsciente es rechazada por sus practicantes, pues se adscriben  tan conscientes y libres como cualquier otro grupo de actores sexuales. Esto viene de la creencia de que actos sexuales particulares “causan” otro tipo de actos infames, y que tienen un poder social para configurar conductas sociales. Aunque se puede afirmar que hay conexiones entre lo que la gente practica en la cama y lo que hacen en su día a día, estas son mucho más complejas, paradójicas e inclusive contradictorias. Hay una diferencia entre el juego y la realidad. Así como jugar Monopoly no es lo mismo que tratar de dejar en bancarrota a todos y tratar de dominar al mundo, este es un ritual de elección deliberado, controlado y estilizado que comúnmente incluye preparación extensiva, negociación y una puesta en escena. 

Tal vez el sadomasoquismo siempre sea un acto controversial sin una forma puramente médica o estética de definirse, pero nos puede decir mucho de la actualidad la forma en la que la cultura del internet ha abrazado esta erótica, específicamente en las que sus deseos son expuestos e ilustrados sin ponerles una etiqueta de enfermizos o perversos. 

Instrumentos utilizados por Dominatrix en la práctica sadomasoquista.

Es paradójico decir que algunas personas encuentran dolor en el placer, amor en la violencia y libertad en el control. En el entendimiento y exposición de estas realidades se puede aprender a disfrutar de diferentes formas, y a confiar en nuestro cuerpo más que en nuestros pensamientos para tener una sensibilidad que solo puede ser accesible por el tacto y no por el pensamiento. 

Escrito por Elena Sandoval Cárdenas 

Bibliografía: 

Oosterhuis, H. (2020) Push and Pull: Biological and Psychological Models of Sexuality in    Medical Sexology and Psychoanalysis (1870-1930). From: Oxford Research Encyclopedias: Psychology, p. 1-27. Oxford University Press. 

Richard von Krafft-Ebing, (1997) Psychopathia Sexualis, Ed. Mathes & Seitz Verlag, GMBH, München, Deutschland.

Byrne, R. (2013) Aesthetic Sexuality: A Literary History of Sadomasochism. Bloomsbury Publishing, London. Farr. S. (1981) The Art of Discipline: Creating Erotic Dramas of Play and Power. From Coming to Power: Writings and Graphics on Lesbian S/M a form of eroticism based on a consensual exchange of power. Alyson Publications.

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