Semana de la visibilidad lésbica: diez guías para el deseo según Monique Wittig y Sande Zeig 

Semana de la visibilidad lésbica: diez guías para el deseo según Monique Wittig y Sande Zeig 

Del 20 al 26 de abril se conmemora la semana de la visibilidad lésbica. Para celebrar, en este texto recupero diez guías o nociones recurrentes en la sensibilidad de Monique Wittig y Sande Zeig que pueden servir para conducirnos por el deseo lésbico. Wittig y Zeig, pensadoras feministas y lesbianas, nos legaron el Borrador de un diccionario para las amantes.1 En este libro, más que delinear una fórmula o receta, las autoras ensayan una serie de entradas ordenadas alfabéticamente que consideran conceptos clave para entender las relaciones, el cuerpo y la poética lésbica. 

Las palabras resaltadas en negritas son entradas que se pueden encontrar en el Borrador, pero es importante enfatizar que la naturaleza de estas “definiciones” es insular y fragmentaria, de ahí la idea del borrador, para que pueda estar en modificación constante. Por lo tanto, las imágenes que retomo de Wittig y Zeig no son fijas ni pretenden universalizar la experiencia de las lesbianas o de cualquier tipo de amantes. Estos conceptos son más bien un ejercicio poético-creativo, imaginativo y multiforme, cuyo origen se remite a las amazonas y a la lírica de Safo de Lesbos.2 Vemos entonces que para las autoras, y para los fines de este texto, el placer no se entiende de manera individual sino compartida con otras amantes, amigas, criaturas acompañantes, así como el entorno que las rodea. 

1. La noción de las amantes es quizá la más importante en el Borrador: amantes son todas aquellas que “experimentan un deseo violento las unas por las otras” y que “viven en pueblos”. Wittig y Zeig dedican múltiples entradas a describir las comunidades fundacionales de amazonas-amantes, dando cabida a todas las “invenciones y formas de vida” (13). Por lo tanto, lesbiana es quien vive con sus amantes y “no está perdida” pues “se dirige en primer término” a ellas (128)

Carla Cervantes, Tratado de resistencia

2. La flojera/ pereza, el retiro y el reposo como práctica vital para que el deseo pueda tomar lugar: un ocio placentero “practicado hasta el límite”, a veces induciendo el sueño o la hipnosis. Según las autoras, los estados de pereza también deben suceder “después de largos paseos (…) para no estar en discordancia con las amigas” (166). Junto con las alucinaciones, el descanso juega un papel crucial en el deseo, no tanto en su concreción sino en su creación y en la transformación de fuerzas exteriores. 

3. El altar y el rol del azar: estos son una especie de ritual que tiene lugar en un rincón construido para todas “las cosas que las amantes celebran” (11). Este rincón es importante porque forma parte de la celebración de la vida, la naturaleza, de lo que unió a dos o más y de lo que se ama. 

4. Para la exaltación corporal y del deseo, es necesario encontrarse en un estado de disponibilidad del cuerpo, una implicación de los sentidos y de la atención, de ahí que el descanso y el sueño sean fundamentales para el estado de disponibilidad que las autoras buscan intensificar.

5. El deseo animal: para complacer a su amante, la otra trabaja en una mímica de los gestos de aquellas animales a las que encuentra más cercanas. Al despojarse de los gestos habituales, las amantes aprenden a aullar o ulular. Esta práctica también está asociada al fenómeno de la transformación en yegua, pájara o pez y a las amistades que las amantes tienen con las serpientes.

Yana Wernicke, Loose Joints

6. Tocar y complacer las axilas, las barbas, las orejas y el vellón. Wittig y Zeig nos invitan ya no a fragmentar el cuerpo, sino a disponer de todos nuestros sentidos. En estas y otras entradas reverberan las sensaciones de la miel de los panales de abejas en la piel y los olores del perfume del opoponax, el ámbar o el almizcle. También estrechamente relacionado a la noción de lamer y tragar la saliva, las lágrimas y el cuerpo entero de la otra: “todas prácticas que son agradables a la boca” (193). 

7. La alucinación: las amantes “extraen un gran placer” (12) de experimentar alucinaciones, particularmente en hongos, pero también con hierbas que puedan inducir un estado alterado del cuerpo que no está vinculado ni con la enfermedad ni con la violencia, sino con la apertura a visiones que permitan la conexión con una misma y con la otra.

Iwase Yoshiyuki, Ama Divers

8. Es esencial encontrar un lugar de retiro y reposo en donde dos amantes puedan cubrirse de pieles y echarse a la arena, entre las hierbas, en el agua o en el musgo. En la sensibilidad lésbica que proponen las autoras, esto se traduce casi a un nicho, una isla, un bosque en donde “los poros de la piel se vuelven ojos (…) cuando dos amantes están en circulación” (156). 

9. El viaje y el movimiento: la búsqueda de un ambiente climático y de una comunidad según nuestras necesidades para así estar abiertas y disponibles y avanzar “al encuentro de la otra, con los pies desnudos”(15). El movimiento también refiere a la pérdida del sentido de las palabras, cualidad que las autoras consideran positiva, pues evita que fijemos la dirección y el propósito. 

10. La lentitud como modo otro de deseo y vida. Las portadoras de fábulas, dicen Wittig y Zeig, cuentan historias sobre aquellas amazonas que vivieron en la isla de Obi, que prefirieron la vida vegetal por su ritmo aletargado en comparación con lo animal, uniéndose así en una forma psíquica con los árboles. En lo lento, las amantes “se besan, se abrazan, se hacen, se deshacen y se absorben” para así percibir “el ritmo de todas las funciones de sus cuerpos” (156).

1 Originalmente en francés, es Cristina Peri Rossi —poeta uruguaya igualmente lesbiana— quien traduce al español el Borrador de Wittig y Zeig.

2 Hablo de la poética lésbica en ambos sentidos: el de la orientación sexual/ identidad lesbiana y lo sáfico en la acepción que remite Safo, aquella poeta griega de la isla de Lesbos, de quien también derivan los términos “lesbiana” y “sáfica”. 

Sara Estrada Zúñiga 

Cuerpos y placeres polimorfos: dos cuentos de Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer (2019)

Estudio Letras por el placer que me provoca el contacto con los cuerpos literarios. Mis encuentros textuales son diversos: novelas leídas una sola vez, relatos frecuentemente revisitados, prolongadas relaciones exclusivas con un libro, variadas lecturas simultáneas, entre otras posibilidades. Gozo enormemente la mayoría de mis encuentros; sin embargo, disfruto particularmente aquellos que resuenan conmigo. Hace algunos meses me enamoré a primera vista de una cubierta blanca con una foto de Dorothy —personaja de la película El mago de Oz (1939)—, quien lucía el mismo inconfundible maquillaje que David Bowie en la portada de su álbum Aladdin Sane (1973). La alusión al extraordinario artista británico abiertamente bisexual y la presencia de un largometraje sumamente significativo para las disidencias sexo-genéricas indicaban transparentemente el eje central de Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer (2019).

Cubierta de Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer (2019), publicada por Dos Bigotes (@editorialdosbigotes). Diseño: Raúl Lázaro (@raul____lazaro). 

El libro, publicado por la editorial española Dos Bigotes, recopila quince cuentos LGBTQ+ contemporáneos. Entre esta nutrida selección de cuentos, tanto “Fragmentos, glitches y batas de cola” de Alana S. Portero como “Nodriza” de Aixa de la Cruz destacan por sus aproximaciones al placer sexual de los cuerpos feminizados. El primero critica las repercusiones de la perspectiva binaria sobre la genitalidad en la construcción del deseo; por otro lado, el segundo retrata el goce lésbico de una madre primeriza. Ambos transgreden las constricciones heteronormativas de la sexualidad al mostrar no sólo el polimorfismo de los cuerpos, sino también el de los deseos y  los afectos.

       El relato de Alana S. Portero, escritora trans madrileña, anuncia su estructura desde el título, pues mediante la fragmentación narrativa da cuenta de múltiples vivencias en torno a la vaginoplastia de la protagonista. Este cuerpo textual frankensteiniano, compuesto por partes heterogéneas, permite explorar un amplio abanico experiencial: unas situaciones son ominosas, abyectas, incómodas y dolorosas, mientras que otras resultan deleitosas, enternecedoras, eróticas y eufóricas. Entre las primeras, se encuentra una conversación con un médico, a quien se le plantean dudas sobre el futuro proceso quirúrgico. Ante las preguntas legítimas de la protagonista, el profesional de la salud responde que “[l]a preocupación por la libido es un rasgo muy masculino, lo sabes, ¿no?” (29), por lo que “[s]i necesitas repetir alguno de los procesos psiquiátricos, no hay problema. Puede que no estés lista” (29). En este caso, la psiquiatrización del deseo no sólo pretende silenciar tajantemente las dudas de la interlocutora para que el doctor monopolice la conversación, sino también implica poner en tela de juicio la aceptabilidad de las expresiones sexuales no hegemónicas.       Aunado a otras instancias donde se exhiben violencias ejercidas contra las subjetividades disidentes, el texto de Portero despliega las posibilidades plenamente eróticas de la carnalidad queer. Para ésta, la identidad deja de reducirse a los genitales, como se aprecia en la siguiente cita: “El hombre está sobre mí, tiene que abrirse mucho de piernas para estar a horcajadas por la diferencia de tamaño, apoya las manos en las carnes que circundan mi cadera, me aprieta los pechos, cuando mete mi pene en su vagina nos miramos y todo en esa habitación y en esa mirada dice «que se jodan»” (30). Identificarse como hombre no se reduce a tener un pene entre las piernas, así como ser mujer no se ciñe a poseer una vagina. Al tomar lo anterior en cuenta, las posibilidades relacionales se multiplican tanto como las formas de sentir placer.

Alana S. Portero, medievalista, escritora, poeta, dramaturga y directora escénica mundialmente reconocida por La mala costumbre (2023), su novela debut. 2024. (Foto: Florencia Downes)

Dicho polimorfismo gozoso se presenta igualmente en “Nodriza” de Aixa de la Cruz, narración sobre una madre primeriza exhausta ante la dificultad de amamantar a su bebé. La frustración se deriva de la imposibilidad de cumplir con la obligación maternal de nutrir al hijo, pues socialmente se han invisibilizado las complejidades de la maternidad al caracterizarla como una condición natural, instintiva y automática. Sin embargo, para Ana, la protagonista, “[l]a maternidad no ha resultado un asunto meramente intuitivo como se lo prometieron, sino un test de inteligencia extenuante” (54). Además, los acercamientos de la criatura a su seno se describen en términos bélicos para evidenciar las complicaciones de la lactancia: “El combate ha reabierto una vieja llaga en su pezón izquierdo y las dentelladas le hacen gritar. Madre e hijo compiten ahora por ver quién duele más fuerte” (54). Cristina, amiga de Ana convertida en mamá hace seis meses, ofrece su propia leche para alimentar al bebé voraz. Éste succiona plácidamente el líquido del pecho ajeno, escena que excita a la protagonista.

La fuente del placer en este cuento se vincula a lo visual mediante la contemplación del amamantamiento. En primer lugar, la tranquila posición de Ana como espectadora implica la existencia de una red de apoyo femenina en la que puede descansar al compartir sus responsabilidades con Cristina. En segundo lugar, la lactación representa una actividad mediante la que el goce se descentra de los genitales para expandirse a otras zonas erógenas del cuerpo, como los senos. A su vez, tal reconfiguración permite ampliar las posibilidades eróticas al considerar los pechos no sólo como una herramienta para alimentar, sino también para gozar: “siente los pinchazos de la leche saturando sus propios conductos y ese cosquilleo tan particular de la oxitocina en sangre que siempre se había parecido a la excitación sexual pero que solo ahora experimenta con excitación sexual” (55). Además, en este texto se reconoce el potencial sexual de las madres, cuyos deseos suelen invisibilizarse ante el mandato social de convertirse en figuras abnegadas que sacrifican su placer en pro de su descendencia.

Aixa de la Cruz, escritora bilbaína autora de libros como Modelos animales (2015), La línea del frente (2017), Las herederas (2022),Todo empieza con la sangre (2025), entre otras. 2021. (Foto: Leonardo Cendamo/Getty Images)

En suma, ambos cuentos subvierten las expectativas cisheteropatriarcales de la sexualidad al cuestionar los límites de los mandatos sociales. Estas representaciones no se restringen a su diégesis, pues su influencia se extiende hacia les lectores, cuyo acercamiento a estas nuevas narrativas queer excita su capacidad imaginativa para concebir una plétora de deseos y placeres que trasciende las expectativas convencionales. A su manera, el encuentro textual con estos dos cuentos de Asalto a Oz también representa un encuentro sexual, pues el cuerpo literario estimula el complejo cuerpo somático de sus receptores, quienes gozan la lectura y sus aplicaciones en contacto con otras corporalidades. 

Jessica Morales Aguilar 

Obras citadas

de la Cruz, Aixa. “Nodriza”. Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer. Dos Bigotes, 2da ed., 2020, pp. 53-56.Portero, Alana S. “Fragmentos, glitches y batas de cola”. Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer. Dos Bigotes, 2da ed., 2020, pp. 27-41.

Placer, orgasmos y justicia erótica. Rumbo al 8M 

Gozar de una vida sexual placentera, libre de violencia y coerción, forma parte de los derechos sexuales y reproductivos, y de la salud sexual (OMS, 2018). Sin embargo, el acceso al placer no es igual para todas las personas, existen desigualdades estructurales que influyen en la manera en que vivimos nuestra sexualidad. 

Placer sexual y orgasmo no son necesariamente lo mismo, el placer sexual es una experiencia y un proceso que involucra sensaciones, emociones, que requiere de la presencia corporal pero también de una parte afectiva y emocional, en esta experiencia de goce y satisfacción, el orgasmo puede hacerse presente. Existen críticas que buscan descentralizar el orgasmo de la respuesta sexual, y sin bien eso es relevante para ampliar y diversificar la experiencia del placer, descentralizar el orgasmo sin perspectiva de género podría traer lo que Damonti (2020) menciona como un fortalecimiento del status quo en la desigualdad de la experiencia del orgasmo y el placer sexual. 

Estudios recientes señalan que existe una brecha en el orgasmo, es decir, que las mujeres tienen menos orgasmos que los hombres en encuentros heterosexuales (Damonti, 2020), sin embargo, en encuentros lésbicos, las mujeres alcanzan orgasmos con mayor frecuencia (Mahar, Mintz y Akers, 2020). Esto indica que la diferencia no se explica por razones biológicas, ni por la supuesta “complejidad” del cuerpo femenino, sino por factores sociales y culturales. La desigualdad en el placer tiene raíces patriarcales y una larga historia de opresión erótica que influye en como expresamos y vivimos el placer. 

Todos los cuerpos son capaces de tener orgasmos (Komisaruk, Whipple, Nasserzadeh, Beyer-Flores, 2011). La brecha responde a múltiples factores: la falta de información, los guiones sexuales centrados en la penetración, el doble estándar sexual que promueve una sexualidad pasiva y reactiva en las mujeres, así como la dificultad para reconocerse merecedoras de placer en una cultura que prioriza la productividad sobre el disfrute y el descanso. 

La forma en la cual se nos enseña y socializa sobre la sexualidad está atravesada por discursos patriarcales, se instaura una sexualidad a favor de la reproducción, con base en la culpa, el miedo, la vergüenza y el desconocimiento. Esto influye en cómo habitamos el cuerpo y cómo nos relacionamos con el placer. 

Por eso, el orgasmo es más que un orgasmo. La falta de acceso al placer revela otras desigualdades, como la sobrecarga de responsabilidad, por ejemplo, de cuidados, crianza, así como económicas, educativas, de acceso, culturales y de género. Nos invita a preguntarnos: ¿el placer es una prioridad para todas las personas? ¿Qué condiciones hacen que para algunas si lo sea y para otras no? 

La justicia erótica propone mirar estas desigualdades de forma más amplia. Reconoce que el acceso a una vida sexual saludable y placentera está atravesado por el género, pero también por la edad, la orientación sexual, la religión, la clase social, y otros factores. Reivindicar el placer como un derecho humano y plantea que los obstáculos al disfrute no son sólo individuales, sino también colectivos y de responsabilidad social. 

En el marco del 8 de marzo, día de memoria, lucha y reflexión sobre las desigualdades estructurales, hablar de placer y orgasmos también es una forma de cuestionar y transformar. Es preguntarnos por que las mujeres y otras identidades viven de manera distinta el placer, que bloquea su disfrute y que cambios sociales son escenarios para que el bienestar sexual sea una posibilidad real para todas las personas. 

https://forms.gle/FSZFZEJ64Gs6ypTe8

Andrea Valerio Mora

Ilustración realizada por @seescribeyao

Referencias 

Damonti, P. (2020). La brecha orgásmica. Katakrak

Komisaruk, B., Whipple, B., Nasserzadeh, S., Beyer-Flores, C. (2011). Orgasmo. Todo lo que siempre quiso saber y nunca se atrevió a preguntar. Paidós. 

Mahar, E., Mintz, L. & Akers, B. (2020). Orgasmo Equiality: Scientific Findings and Societal Implications. 

Organización Mundial de la Salud. (2018). La salud sexual y su relación con la salud reproductiva: un enfoque operativo. ISBN: 978-92-4-351288-4 

El deseo en el dolor: Un (breve) recorrido histórico de las prácticas sadomasoquistas.

La artista Lady Gaga caracterizada en la estética del BDSM propia de los años 80s

La introducción que tuve del sadomasoquismo (S/M) en mi vida fue a través de la cultura pop. En las películas, la cultura y el arte hay una influencia particular de la estética sadomasoquista: cuero, látex, cuerdas y vendajes son cosas que se adaptaron al mundo de la moda y se han ido uniendo al guardarropa como una prenda básica. El cine erótico rescató la sensualidad de la práctica sadomasoquista, como se puede ver en Sex, Lies and Videotape (1989), The Piano Teacher (2001), Secretary (2002), y en Babygirl (2023), por mencionar algunos ejemplos a los que no les ha ido mal en la crítica.  La música también se ha visto influenciada por la estética sadomasoquista, específicamente el metal, con bandas como Slipknot, que hicieron parte de su identidad visual los instrumentos de las prácticas sadomasoquistas.

 Dada la reincidencia de esta moda en internet,  nadie podía dejar de hablar al respecto. Mi cabeza empezó a dar vueltas en torno  a este fenómeno cultural y cómo es que se ha adaptado al estilo de vida queer, así como al heterosexual: en hombres y mujeres, en la élite y en la periferia. 

En los foros de discusión me encontré con la controversia que causa este tipo de deseo en el feminismo, en la psicología, en la psiquiatría y en la filosofía, así que traté de entender la práctica sexual del sadomasoquismo desde una mirada erótica y no científica. 

La concepción del sadomasoquismo de hoy en día surge en el siglo XIX, con el manual del psiquiatra Richard Von-Krafft-Ebbing, titulado Psychopathia Sexualis, y publicado en 1886. Ahí se nombra a las prácticas sexuales asociadas al placer y al dolor. Ambos términos surgen de la literatura:  el “sadismo”, derivado de los textos del Marqués de Sade, y masoquismo”, derivado de los relatos de Leopold Von Sacher Masoch. El conjunto de las dos palabras, sadomasoquismo, es como se le empieza a conocer en el siglo XX a una serie de prácticas que involucran el dolor y el placer. Varios autores como Deleuze propusieron la separación de estos, pero para fines prácticos me referiré a la práctica como sadomasoquismo. 

A principios del siglo XX, las tendencias sadomasoquistas eran consideradas en foros científicos y psiquiátricos  como “excesivas” o “perversas”. Cuando se hablaba de tendencias sádicas sexuales masculinas, se les veía como algo dentro de lo común en la sexualidad del hombre, pero cuando se hablaba de disfrutarlo se evocaba  como algo excesivo, ya que se creía que estos individuos eran seres primitivos que tenían una regresión a las conductas barbáricas evolutivas. En el debate psicoanalítico, el masoquismo sexual femenino se veía como un vínculo con aquella sumisión natural de la que la mujer huyó, y entonces construía una versión perversa y excesiva en un intento de manipular a otros para cometer crímenes o evitar el acoplamiento normativo, imponiendo su propia agencia inapropiada. Esto nos muestra que los conceptos, aunque heteronormados, eran etiquetados como excesivos y, por lo tanto, enfermos.

Portada de The Night Porter de Liliana Cavani.

Pero, ¿qué pasaba cuando era al revés? Se creía que el masoquismo latente era la sexualidad natural de la mujer, pero cuando se manifestaba en los hombres era visto como algo aberrante y degenerado. Por otro lado, la agencia sádica manifestada en mujeres,era vista como una atrocidad, pues se asociaba con una  concepción retorcida de la feminidad, en tanto que la mujer trataba de salir de su papel servicial ante los hombres  y representaba una amenaza para la sociedad. A pesar de que sus pacientes sadomasoquistas dijeran entender su deseo, Krafft-Ebbing decidió que no tenían conciencia de ellos mismos, y que la perversidad de estos sujetos era un hecho visible en sus genes, que explicaba por qué se suscitan perversiones en la conducta sexual de los individuos.  Además, afirmaba que en las grandes ciudades existían más pervertidos sexuales, ya que, según él, los episodios de decaimiento moral siempre coinciden con la progresión de la feminidad y el exceso de lujuria en las naciones.Esto nos ayuda a entender el sadomasoquismo desde la heteronormatividad; sin embargo, estas prácticas están altamente relacionadas con las personas homosexuales. ¿Por qué? Se debe a que en el siglo pasado hubo una compleja confluencia de tendencias que propiciaron el surgimiento de  subculturas sexuales, específicamente homosexuales masculinas. Esto legitimó una serie de nuevas medidas represivas dirigidas a poblaciones disidentes y mayoritariamente proletarias, que hicieron que  el S/M se relacionara históricamente con la comunidad queer.

Tim Curry en el set de El Show de Terror de Rocky (1975) 

Ahora que conocemos la historia de este concepto entendemos por qué por qué la población y los especialistas  (doctores, psiquiatras y psicólogos) han marginado a aquellas personas que practican el sadomasoquismo, degenerando dicha práctica y convirtiéndola en algo vergonzoso y  polémico. Pero ¿si empezáramos a entender al sadomasoquismo como una estética en vez de como una patología, los sentimientos asociados a la vergüenza se verían cambiados de una  u otra manera? El sadomasoquismo, entendido  como una práctica estética, se resiste a una esencialización de la sexualidad, ya que médicamente es muy difícil explicar por qué aquello que me duele me causa placer. Desde el debate foucaltiano, estas personas están poniendo en práctica muchos juegos de poder, como el interés y la curiosidad, la astucia y la manipulación, y según el autor, “en  una cultura en la que el sexo ya no representa el reto que antes era, estas estrategias fueron incorporadas en el acto sexual para intensificar el placer y evitar el aburrimiento” (Foucault, “Sexo, poder y políticas de la identidad”)

Baudrillard (1979) debate que el sadomasoquismo se construye como una interpretación estética posmoderna debido al momento cultural en el que se populariza, ya que es un acto construido de forma ritualística y reversible, que “contrasta con lo que se postula que es una estructura real ya que esta se va inscribiendo en una dinámica verbal y visual, en la que hay una teatralidad y una actuación que no se inscribe en la vida real del individuo.”

El S/M es una obra de teatro que pareciera hacer una sátira de los roles impuestos por medio de una seducción no convencional. La autora Susan Farr (1981) lo expone muy bien cuando narra su experiencia practicando este tipo de juegos sexuales en una relación lésbica, exponiendo que una no es ama y la otra esclava, o una  la que manda y la otra la que obedece, sino que una  no está completamente sometida y la otra tampoco  es la que somete totalmente. Esto abre la posibilidad de que, cuando se participa en un ritual de agresión, se acuerde una palabra, que hace que la cortina se pueda bajar cuando cualquiera de los dos actores quiere acabar la obra e irse a casa. Después de todo no es solo crear la escena, es crear el escenario. El simbolismo toma un papel muy importante en este tipo de dinámicas, que son nombradas como contratos entre los dos individuos. Son polos eróticos definidos por un significante de pasión, de confianza y de intensidad, que fluyen en una situación totalmente consensuada.

Tomada de la revista Taste of Latex (1990).

La idea de que el S/M está asociado con una violencia de orden más profundo o inconsciente es rechazada por sus practicantes, pues se adscriben  tan conscientes y libres como cualquier otro grupo de actores sexuales. Esto viene de la creencia de que actos sexuales particulares “causan” otro tipo de actos infames, y que tienen un poder social para configurar conductas sociales. Aunque se puede afirmar que hay conexiones entre lo que la gente practica en la cama y lo que hacen en su día a día, estas son mucho más complejas, paradójicas e inclusive contradictorias. Hay una diferencia entre el juego y la realidad. Así como jugar Monopoly no es lo mismo que tratar de dejar en bancarrota a todos y tratar de dominar al mundo, este es un ritual de elección deliberado, controlado y estilizado que comúnmente incluye preparación extensiva, negociación y una puesta en escena. 

Tal vez el sadomasoquismo siempre sea un acto controversial sin una forma puramente médica o estética de definirse, pero nos puede decir mucho de la actualidad la forma en la que la cultura del internet ha abrazado esta erótica, específicamente en las que sus deseos son expuestos e ilustrados sin ponerles una etiqueta de enfermizos o perversos. 

Instrumentos utilizados por Dominatrix en la práctica sadomasoquista.

Es paradójico decir que algunas personas encuentran dolor en el placer, amor en la violencia y libertad en el control. En el entendimiento y exposición de estas realidades se puede aprender a disfrutar de diferentes formas, y a confiar en nuestro cuerpo más que en nuestros pensamientos para tener una sensibilidad que solo puede ser accesible por el tacto y no por el pensamiento. 

Escrito por Elena Sandoval Cárdenas 

Bibliografía: 

Oosterhuis, H. (2020) Push and Pull: Biological and Psychological Models of Sexuality in    Medical Sexology and Psychoanalysis (1870-1930). From: Oxford Research Encyclopedias: Psychology, p. 1-27. Oxford University Press. 

Richard von Krafft-Ebing, (1997) Psychopathia Sexualis, Ed. Mathes & Seitz Verlag, GMBH, München, Deutschland.

Byrne, R. (2013) Aesthetic Sexuality: A Literary History of Sadomasochism. Bloomsbury Publishing, London. Farr. S. (1981) The Art of Discipline: Creating Erotic Dramas of Play and Power. From Coming to Power: Writings and Graphics on Lesbian S/M a form of eroticism based on a consensual exchange of power. Alyson Publications.

El placer de las relaciones intergeneracionales entre mujeres en Hacks y The Devil Wears Prada

En una entrevista reciente, la actriz Kate Winslet se viralizó por decir que, de adolescente, tuvo sus primeras experiencias íntimas con mujeres y que esto la ayudó a entender la intensidad de la amistad de la protagonista que encarna en Heavenly Creatures1(Variety, Winslet). Esta declaración, por supuesto, no convierte a Winslet en lesbiana ni la hace necesariamente menos heterosexual, pero sí es sintomático de que el nivel de intimidad que se alcanza en las amistades femeninas puede tomar muchas formas. Independientemente de nuestra orientación sexual, es mucho más usual de lo que admitimos en voz alta experimentar distintos tipos de afectos por otras mujeres. De igual manera, es frecuente que nuestras amigas o mujeres cercanas mayores nos hablen de sexualidad. Como Winslet, de adolescente yo también lo viví así con otras chicas, pero aún hoy la complejidad de lo que nace cuando dos mujeres comparten tiempo, intereses, agenda política y/o secretos me parece un misterio emocionante a develar. Es mi propuesta, junto con la de muchas, que estas relaciones —sobre todo las intergeneracionales, por el conocimiento y energía que transmiten— son un terreno político inconquistable gracias a su fuerza y (aparente) sutileza simultánea. 

Dos buenos ejemplos de este tipo de relación son The Devil Wears Prada (2006) y Hacks (2021), por el lazo que se crea entre Miranda Priestly y Andrea Sachs, y Deborah Vance y Ava Daniels, respectivamente. En ambas historias, el vínculo inicial entre estos dos pares es profesional y no resulta placentero en lo absoluto, pues existe una tensión jerárquica. Tanto en la serie, Hacks, como en la película, The Devil Wears Prada, está la figura de la mujer exitosa, solitaria y amargada alrededor de sus sesenta años. Ésta, en un momento de desesperación, contrata a una chica mucho más joven que ella hacia el final de sus veintes. Las industrias difieren— en Hacks es la de la comedia standup y en TDWP la de la moda— pero progresivamente, las cuatro mujeres dan destellos de que, para cada una, se trata de una relación que profundiza más allá de lo laboral, puesto que en ella hay eventual complicidad, solidaridad y, según algunas interpretaciones, romance y deseo. Más que analizar de manera exhaustiva momentos específicos de la relación entre Miranda y Andy o Deborah y Ava, en esta reflexión me interesa resaltar el creciente interés cultural que hay por la imagen de la mujer adulta, sobre todo de la mujer envejecida, y sus relaciones con las más jóvenes, así como traer a colación la lectura sobre la ambigüedad romántica, erótica o sexual de éstas para dar cuenta de que el placer se compone de más elementos que sólo el sexo2. 

Cuando digo que hay un interés creciente me refiero a la proliferación de fanfiction escrita en torno a las cuatro protagonistas, así como a los números de vistas y taquillas que ambas piezas audiovisuales obtienen. Ejemplos de esto es que Hacks obtuvo cinco temporadas y The Devil Wears Prada tendrá una segunda parte, a pesar de que el largometraje salió hace dos décadas, en el 2006. Los miles de fanfics y cuentas de Instagram y X dedicadas a las interpretaciones lésbicas de Hacks y The Devil Wears Prada muestran la admiración, aprendizaje y lealtad que se da en los vínculos con mujeres de otras generaciones, y cómo los límites de la relación son difusos y crean confusión porque pasan de la condescendencia y el hartazgo a la confianza y la estimulación mutua. Así, el espacio de indeterminación que resulta de la mezcla de afectos en estas relaciones intergeneracionales es llenado en estas reapropiaciones al volver el elemento romántico mucho más explícito y presente. 

Por otra parte, ya que en las lecturas lésbicas de estas relaciones se acentúa la parte sexual, debo aclarar que, aunque Miranda y Deborah son madres, no estoy haciendo un equivalente con el paradigma de la MILF (Mom I’d like to fuck), el cual propone que “las madres sexualmente atractivas son una especie de excepción transgresiva” (La Otra, Geerts). Tampoco yéndome hacia la desexualización. Digo más bien que la diferencia de experiencias y de adquisición de conocimiento resultan estimulantes para ambas partes (o sea, tanto para las jóvenes como para las mayores), y que este tipo de estimulación intelectual es un componente importante para el ámbito de lo sexual, aunque sea frecuentemente olvidado. Por lo tanto, este tipo de relaciones no son una excepción que termina por des/hiper sexualizar a las mujeres mayores, sino un resultado de la intimidad particular compartida. Además, como Miranda y Deborah son mujeres de la tercera edad, ya sea que nos inclinemos por las lecturas lésbicas de The Devil Wears Prada y Hacks o por las más heterosexuales, la realidad es que ninguna de las dos opciones resulta heteronormada. La heteronormatividad, siendo el régimen que sostiene la norma social heterosexual, provoca e incentiva la competencia entre las mujeres por la atención masculina y la legitimidad —sobre todo si se trata de una mujer joven ostensiblemente guapa pero sin recursos y otra envejecida y exitosa—, en vez de amistades, relaciones profundas o con límites afectivos difíciles de fijar. En otras palabras, aún si consideramos la relación de Andy y Miranda o de Ava y Deborah 100% heterosexual, ésta no encaja por completo en la normatividad. 

Por otro lado, los encabezados y artículos que surgieron recientemente, a raíz de la relación de Cynthia Erivo y Ariana Grande3, sobre que la amistad está tomando el lugar del romance o la pareja, aunque no me parecen dañinos, olvidan que la sexualidad se compone de una plétora de códigos y elementos más allá del sexo. Como Winslet cuando habla sobre sus “primeras experiencias íntimas”, la ambigüedad está por todos lados. No sabemos si se refiere a besos, roces, pláticas, penetración, sexo oral o a cualquier otra de las miles de posibilidades que podamos imaginar cuando alguien habla de intimidad, sexo o placer. En esas relaciones que se dan entre generaciones se transmite conocimiento que amenaza el orden heteronormado de competencia femenina y por lo tanto, aquello que constriñe la vida y las decisiones de las mujeres. Este tipo de vínculo (romántico o no) intergeneracional sirve para lograr alianzas y, a veces, producir distintas visiones del placer y la felicidad femenina. 

De esta manera, Hacks y The Devil Wears Prada muestran el creciente interés en representaciones de lazos intelectualmente estimulantes entre mujeres que no son atravesados por la presencia masculina y que contienen potencias amistosas o románticas. Ese reconocimiento de una misma en la otra resulta mucho más emocionante —o al menos culturalmente relevante en este momento— que la clásica historia romántica de la pareja heterosexual4. El elemento de la edad importa no sólo porque hay una conservación y transmisión de conocimiento generacional, sino que también, de abajo hacia arriba, se comparte una perspectiva y energía que también es otro tipo de conocimiento del cual las mujeres mayores se nutren y estimulan. Ahí en donde Miranda y Deborah son duras y frías, Andy y Ava les muestran paciencia y flexibilidad, características (tal vez) de su juventud, que ninguna otra persona les ofrece, mientras que las más jóvenes aprenden de los límites, el prestigio, la experiencia, los errores y los aciertos de sus jefas. Ambas partes gozan porque se crea una relación especial, particular y específica que no es ni de pareja ni maternal/ filial. Ahora nos queda a ambos lados del espectro generacional la responsabilidad de buscar esos vínculos, cuidarlos, resaltarlos, narrarlos, representarlos, permitirnos vivirlos sin penas ni vergüenzas y celebrar el placer de experimentarlo. 

 Sara Estrada 


Notas al pie

(1) Esto resulta un tanto irónico porque Heavenly Creatures parece presentar un caso en donde las amistades “intensas” o “incontenidas” entre mujeres terminan en asesinato.

(2) En la cultura popular lésbica anglófona, el tropo de la mujer adulta que seduce a una mujer mucho menor es un cliché, un avatar estrechamente ligado a una historia de profunda lesbofobia. Desde la ficción pulp de la década de los cincuenta hasta las representaciones cinematográficas contemporáneas, este tropo ha sido utilizado para dañar las imágenes de las lesbianas puesto que son retratadas como seductoras de “niñas” o menores de edad. En estas representaciones las lesbianas, siempre las mayores, son personas con algún trastorno mental y que infringen violencia (física, emocional, sexual) a otras. Ante esto, la comunidad lésbica se ha reapropiado de ese tropo al rescatar historias de amores con una diferencia de edad que no resulta en la patologización de este tipo de relaciones.

(3) Las interacciones de las protagonistas de Wicked (2024) han sido leídas como románticas dado que, en las ruedas de prensa, éstas se tocan, se cuidan y hablan bien de la otra virtualmente todo el tiempo que están frente a la cámara. La opinión pública, aunque diversa, refleja un consenso en que culturalmente le asignamos valores negativos a las amistades que “no conocen sus límites”. Es decir que si en una relación platónica existen gestos que se parezcan a los que se tiene con las parejas, se le etiqueta de intensa y ya no puede más pasar desapercibida o como algo “inocente” y recibe la reprobación del público.

(4) Vemos estos vínculos todo el tiempo fuera de la ficción, por ejemplo, en las relaciones laborales-amistosas que tienen las directoras de cine con sus actrices favoritas: Greta Gerwig (42) y Saoirse Ronan (31) o Sofia Coppola (54) y Kristen Dunst (43), pero hacen falta esas historias.

Annah Einbinder y Jean Smart en Hacks (Still de MAX)

Citas
Entrevista Kate Winslet https://variety.com/2025/film/news/kate-winslet-first-intimate-experiences-women-12366186 94/
Artículo “Sexo y Maternidad” https://www.laotrarevista.com/2020/04/ambar-geerts-zapien/

Anne Hathaway y Meryl Streep en The Devil Wears Prada (Still de MUBI)

25 de noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la mujer

Durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe en Colombia en 1981 se estableció el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y Niñas para honrar la memoria de las hermanas Mirabal, Patria, Minerva y María Teresa, quienes eran activistas en República Dominicana y fueron asesinadas en 1960 por el gobierno militar de Rafael Trujillo. 

Pero… ¿Quiénes eran estas hermanas? Este 25 de noviembre rescatemos su historia y reivindiquemos este día que es de lucha y memoria, por un presente y un futuro sin violencia de género. Patria, Minerva y María Teresa Miraval, conocidas como “Las Mariposas”, nacieron en Ojo de Agua, Republica Dominicana y formaron parte activa de los movimientos en contra de la dictadura de Trujillo. 

El gobierno de Trujillo comenzó a capturar, encarcelar y torturar a los miembros del movimiento opositor.  A Patria, Minerva y María Teresa las ejecutaron cuando regresaban de visitar a sus colegas y parejas que se encontraban en la cárcel. Fueron interceptadas, golpeadas y asesinadas el 25 de noviembre de 1961. Este hecho marcó al movimiento y ocasionó que el 30 de mayo de 1961 el dictador Rafael Trujillo fuera emboscado por un grupo del movimiento de la disidencia. 

El asesinato de Las Mariposas generó la convocatoria del movimiento feminista latinoamericano en 1981 para dialogar sobre la violencia hacia las mujeres. Reunió a gobiernos, organizaciones y población en general a generar estrategias y acciones políticas, así como a sensibilizar y visibilizar la violencia contra las mujeres. 

La violencia de género se refiere a los actos dañinos dirigidos contra una persona o un grupo de personas en razón de su género. Tiene su origen en la desigualdad de género, el abuso de poder y la existencia de normas dañinas. El término se utiliza principalmente para subrayar el hecho de que las diferencias estructurales de poder basadas en el género colocan a las mujeres y niñas en situación de riesgo frente a múltiples formas de violencia. (ONU, 2023)



Ilustración de @seescribeyao

Hoy la violencia contra las mujeres y niñas continúa siendo una de las violaciones más generalizadas, extendidas y persistentes de los derechos humanos en el mundo. 1 de cada 3 mujeres y niñas ha sido víctima de algún tipo de violencia a lo largo de su vida, y en la actualidad nos enfrentamos a un escenario especial: el espacio digital como otro espacio de reproducción de estas violencias. 

La violencia digital es aquella forma de violencia que ocurre en entornos digitales o mediante tecnologías de la información, también conocida como “violencia facilitada por las TIC”, “violencia en línea” o “ciberviolencia” (ONU Mujeres, 2023). Este tipo de violencia es facilitada por la accesibilidad, el anonimato y la falta de impunidad. Es necesario generar sensibilidad y comenzar a mirar la violencia digital como algo real. 

La violencia digital se puede ver de distintas maneras, y aunque comúnmente se reproduce por personas cercanas a la víctima (pareja, familiares, compañerxs), también lo hacen personas desconocidas. Si bien, principalmente mujeres de la esfera pública que realizan activismo, política o simplemente son más visibles en las redes sociales pueden ser víctimas de este tipo de violencia con mayor facilidad, ninguna mujer y niña queda exenta de serlo. 

Es necesario tener los ojos bien abiertos e identificar cómo se puede ver la violencia digital: 

  • Difusión no consentida de imágenes íntimas
  • Ciberacoso, troleo o amenazas 
  • Acoso sexual en línea (mensajes o imagenes no solicitadas)
  • Deepfakes: Imagenes falsificadas con IA 
  • Discusos de odio y desinformación 
  • Doxeo: filtración de información privada 
  • Vigilancia, seguimiento o control digital 
  • Explotación sexual en línea
  • Suplantación de identidad
  • Redes misóginas, machosfera o foros incel

 

38% de las mujeres en el mundo han experimentado violencia digital, y el 85% ha visto violencia digital contra otra mujer. Entre las formas de violencia más comunes está la difamación, el ciberacoso, y los discursos de odio. En México, tan solo en el 2022, 3 de cada 10 niñas mayores de 12 años fueron sido víctimas de ciberacoso. 

Las redes sociales y el internet pueden ser grandes herramientas, pero también un espacio de vulneración de los derechos humanos. De ahí la importancia de impulsar políticas públicas y marcos legales para la protección y la reparación de las víctimas, los protocolos y acciones en contra de la violencia digital (como es el caso de la Ley Olimpia). Como acción individual y colectiva, evitemos compartir o reproducir contenido que violente o vulnere a las mujeres y trabajemos en la sensibilización y la empatía. 

Andrea Valerio Mora



Referencias

ONU Mujeres (2023). Violencia digital contra las mujeres y las niñas. ONU Mujeres México. Recuperado de: https://mexico.unwomen.org/sites/default/files/2023-03/Brief_ViolenciaDigital.pdf#page=6.06 

Organización de las Naciones Unidas (2023). La violencia de género es una de las violaciones más generalizadas de los derechos humanos en el mundo. https://unric.org/es/la-violencia-de-genero-segun-la-onu/

Gaceta UNAM. (2020). ¿Quiénes eran las hermanas Mirabal? Gaceta del Momento. https://www.gaceta.unam.mx/quienes-eran-las-hermanas-mirabal/