¿Alguna vez te has preguntado cómo fue el recorrido que atravesó Olimpia Coral Melo para lograr que la Ley Olimpia se hiciera realidad, o cómo fue que soportó tanta presión? ¿Qué implicaciones tiene convertirse en un ícono feminista sin pretenderlo? Esas y muchas otras preguntas tienen respuesta en el documental Llamarse Olimpia (2025) de la directora Indira Cato. Nuestro proyecto pretende hablar del placer femenino sin pena ni tapujos, y la primera proyección semestral del cineclub La ruta de los placeres indóciles II da cuenta de ello. En esta ocasión nos acompañaron Alicia Segovia, editora del filme, Jazmin Cato Sosa, guionista y dramaturga, y Laura Miranda, encargada de la fotografía.

La cinta es un recorrido íntimo junto a Olimpia y al equipo de producción. El documental comienza con Olimpia preparándose para la marcha del 8M en su ciudad natal, Huauchinango, Puebla. Poco después escucharemos la historia de Olimpia, la misma experiencia que años después la llevaría a pasar un arduo proceso de marchas y plantones que parecerían interminables. Eventualmente, este proceso culminó con la aprobación de la Ley Olimpia a nivel nacional, y con una propuesta de ley en distintos países de Latinoamérica.
La idea del placer sexual en el documental está presente desde una perspectiva propositiva: la vergüenza debe cambiar de lado. Nadie tiene derecho a difundir material íntimo para señalarlas por ejercer de manera libre su sexualidad. El equipo de producción buscó mantener la privacidad de las involucradas en el documental, poniendo en el centro la integridad antes que las “ideas creativas”. Finalmente, se trataba de mujeres a las que violentaron compartiendo contenido íntimo, y el cine también es un medio que puede afectar a los personajes.
Durante el conversatorio posterior a la proyección, las integrantes del equipo de producción nos compartieron sus experiencias trabajando en un proyecto tan complejo como Llamarse Olimpia. El trabajo de Jazmin Cato Sosa como dramaturga fue de suma importancia para involucrar a todas las áreas durante el rodaje. Por su parte, Laura Miranda nos habló de su experiencia como la cámara de este proyecto: su objetivo fue grabar sin violentar, pues al tratarse de un caso como el de Olimpia, era importante que la cámara pudiera acceder a la vulnerabilidad e intimidad de Olimpia sin revictimizarla en cualquiera de las escenas del documental. Después de todo, no solo se muestran aquellos momentos clave para la aprobación de la ley, sino también momentos clave en la vida de Olimpia, tanto los buenos como los malos. Para Laura era importante adentrarnos en la historia sin caer en miradas que replicaran la violencia.

Para Indira Cato y Alicia Segovia era importante que la puesta en escena fuera una representación digna, más allá de una “buena historia”. Este objetivo fue un reto en la mayoría de las circunstancias alrededor de la película, pues al tratarse de una producción independiente de principio a fin, muchas de las escenas fueron grabadas, dicho en palabras del equipo: “con lo que se tenía y de la forma en que se pudo”. Asimismo, Jazmin comenta que su meta era realizar una película con ética, en la que la realidad estuviera por encima de su plan de trabajo original, y lo logró de distintas maneras: por una parte, se buscó crear acuerdos con todas las involucradas, como respetar las decisiones de Olimpia con respecto a qué grabaciones conservar en el corte final, y cuáles eliminar definitivamente. De la misma manera, desde la edición buscaron respetar la identidad de todas las víctimas que compartieron sus testimonios en las redes sociales, censurando los datos de sus cuentas siempre que apareciera alguna publicación original, así como recreando el contenido digital cuando fuera necesario ilustrar algún suceso relevante.

No podemos hablar de la realización de Llamarse Olimpia sin mencionar el apartado musical de la película, pues no solo recrea las atmósferas que acompaña, sino que también influye en la narrativa de la obra. Comencemos por hablar de la participación de Prania Esponda: rapera, compositora y activista feminista. No se trata de una mera coincidencia, pues su caso resuena especialmente con el mensaje del documental. Su música funciona como una herramienta de denuncia social y como proceso de sanación para ella y el resto de mujeres que la escuchan, generando un sentido de comunidad que forma parte de la lucha que empezó Olimpia. Asimismo, los momentos musicales del documental cumplen una función de descanso posterior a los sucesos de mayor tensión, lo que permite digerir con mayor facilidad los sucesos narrados.
Al concluir el conversatorio, muchas de las chicas que asistieron a la proyección compartieron sus experiencias y nos comentaron cómo, más allá de la empatía por la puesta en escena, se identificaban con las historias del documental. También compartieron sus propias recomendaciones de textos, películas y series para seguir con la discusión a propósito de Llamarse Olimpia; destacaron la novela Un amor de Sara Mesa, Usos de lo erótico. El poder del erotismo de Audre Lorde, la serie de Netflix Grace and Frankie, y la película O último azul del director brasileño Gabriel Mascaro, entre otras.
Antes de concluir, me parece de vital importancia recordarles que Llamarse Olimpia se encuentra actualmente en la cartelera de la Ciudad de México, en sedes como la Cineteca Nacional de las Artes, la Cineteca de Xoco, Cinemanía, y La casa del Cine; también en Guadalajara, San Cristóbal de las Casas, Aguascalientes, Toluca, Tepic, Monterrey, Mérida y Tijuana, tanto para quienes no tuvieron la oportunidad de acompañarnos hace unos días, como para quienes desean apoyar a Chumbera Producciones en la difusión de una obra tan grande y significativa.
Jessica Leonor Salazar Rodríguez





























