Semana de la visibilidad lésbica: diez guías para el deseo según Monique Wittig y Sande Zeig
Del 20 al 26 de abril se conmemora la semana de la visibilidad lésbica. Para celebrar, en este texto recupero diez guías o nociones recurrentes en la sensibilidad de Monique Wittig y Sande Zeig que pueden servir para conducirnos por el deseo lésbico. Wittig y Zeig, pensadoras feministas y lesbianas, nos legaron el Borrador de un diccionario para las amantes.1 En este libro, más que delinear una fórmula o receta, las autoras ensayan una serie de entradas ordenadas alfabéticamente que consideran conceptos clave para entender las relaciones, el cuerpo y la poética lésbica.
Las palabras resaltadas en negritas son entradas que se pueden encontrar en el Borrador, pero es importante enfatizar que la naturaleza de estas “definiciones” es insular y fragmentaria, de ahí la idea del borrador, para que pueda estar en modificación constante. Por lo tanto, las imágenes que retomo de Wittig y Zeig no son fijas ni pretenden universalizar la experiencia de las lesbianas o de cualquier tipo de amantes. Estos conceptos son más bien un ejercicio poético-creativo, imaginativo y multiforme, cuyo origen se remite a las amazonas y a la lírica de Safo de Lesbos.2 Vemos entonces que para las autoras, y para los fines de este texto, el placer no se entiende de manera individual sino compartida con otras amantes, amigas, criaturas acompañantes, así como el entorno que las rodea.
1. La noción de las amantes es quizá la más importante en el Borrador: amantes son todas aquellas que “experimentan un deseo violento las unas por las otras” y que “viven en pueblos”. Wittig y Zeig dedican múltiples entradas a describir las comunidades fundacionales de amazonas-amantes, dando cabida a todas las “invenciones y formas de vida” (13). Por lo tanto, lesbiana es quien vive con sus amantes y “no está perdida” pues “se dirige en primer término” a ellas (128)

2. La flojera/ pereza, el retiro y el reposo como práctica vital para que el deseo pueda tomar lugar: un ocio placentero “practicado hasta el límite”, a veces induciendo el sueño o la hipnosis. Según las autoras, los estados de pereza también deben suceder “después de largos paseos (…) para no estar en discordancia con las amigas” (166). Junto con las alucinaciones, el descanso juega un papel crucial en el deseo, no tanto en su concreción sino en su creación y en la transformación de fuerzas exteriores.
3. El altar y el rol del azar: estos son una especie de ritual que tiene lugar en un rincón construido para todas “las cosas que las amantes celebran” (11). Este rincón es importante porque forma parte de la celebración de la vida, la naturaleza, de lo que unió a dos o más y de lo que se ama.
4. Para la exaltación corporal y del deseo, es necesario encontrarse en un estado de disponibilidad del cuerpo, una implicación de los sentidos y de la atención, de ahí que el descanso y el sueño sean fundamentales para el estado de disponibilidad que las autoras buscan intensificar.
5. El deseo animal: para complacer a su amante, la otra trabaja en una mímica de los gestos de aquellas animales a las que encuentra más cercanas. Al despojarse de los gestos habituales, las amantes aprenden a aullar o ulular. Esta práctica también está asociada al fenómeno de la transformación en yegua, pájara o pez y a las amistades que las amantes tienen con las serpientes.

6. Tocar y complacer las axilas, las barbas, las orejas y el vellón. Wittig y Zeig nos invitan ya no a fragmentar el cuerpo, sino a disponer de todos nuestros sentidos. En estas y otras entradas reverberan las sensaciones de la miel de los panales de abejas en la piel y los olores del perfume del opoponax, el ámbar o el almizcle. También estrechamente relacionado a la noción de lamer y tragar la saliva, las lágrimas y el cuerpo entero de la otra: “todas prácticas que son agradables a la boca” (193).
7. La alucinación: las amantes “extraen un gran placer” (12) de experimentar alucinaciones, particularmente en hongos, pero también con hierbas que puedan inducir un estado alterado del cuerpo que no está vinculado ni con la enfermedad ni con la violencia, sino con la apertura a visiones que permitan la conexión con una misma y con la otra.

8. Es esencial encontrar un lugar de retiro y reposo en donde dos amantes puedan cubrirse de pieles y echarse a la arena, entre las hierbas, en el agua o en el musgo. En la sensibilidad lésbica que proponen las autoras, esto se traduce casi a un nicho, una isla, un bosque en donde “los poros de la piel se vuelven ojos (…) cuando dos amantes están en circulación” (156).
9. El viaje y el movimiento: la búsqueda de un ambiente climático y de una comunidad según nuestras necesidades para así estar abiertas y disponibles y avanzar “al encuentro de la otra, con los pies desnudos”(15). El movimiento también refiere a la pérdida del sentido de las palabras, cualidad que las autoras consideran positiva, pues evita que fijemos la dirección y el propósito.
10. La lentitud como modo otro de deseo y vida. Las portadoras de fábulas, dicen Wittig y Zeig, cuentan historias sobre aquellas amazonas que vivieron en la isla de Obi, que prefirieron la vida vegetal por su ritmo aletargado en comparación con lo animal, uniéndose así en una forma psíquica con los árboles. En lo lento, las amantes “se besan, se abrazan, se hacen, se deshacen y se absorben” para así percibir “el ritmo de todas las funciones de sus cuerpos” (156).
1 Originalmente en francés, es Cristina Peri Rossi —poeta uruguaya igualmente lesbiana— quien traduce al español el Borrador de Wittig y Zeig.
2 Hablo de la poética lésbica en ambos sentidos: el de la orientación sexual/ identidad lesbiana y lo sáfico en la acepción que remite Safo, aquella poeta griega de la isla de Lesbos, de quien también derivan los términos “lesbiana” y “sáfica”.
Sara Estrada Zúñiga


































