Semana de la visibilidad lésbica: diez guías para el deseo según Monique Wittig y Sande Zeig 

Semana de la visibilidad lésbica: diez guías para el deseo según Monique Wittig y Sande Zeig 

Del 20 al 26 de abril se conmemora la semana de la visibilidad lésbica. Para celebrar, en este texto recupero diez guías o nociones recurrentes en la sensibilidad de Monique Wittig y Sande Zeig que pueden servir para conducirnos por el deseo lésbico. Wittig y Zeig, pensadoras feministas y lesbianas, nos legaron el Borrador de un diccionario para las amantes.1 En este libro, más que delinear una fórmula o receta, las autoras ensayan una serie de entradas ordenadas alfabéticamente que consideran conceptos clave para entender las relaciones, el cuerpo y la poética lésbica. 

Las palabras resaltadas en negritas son entradas que se pueden encontrar en el Borrador, pero es importante enfatizar que la naturaleza de estas “definiciones” es insular y fragmentaria, de ahí la idea del borrador, para que pueda estar en modificación constante. Por lo tanto, las imágenes que retomo de Wittig y Zeig no son fijas ni pretenden universalizar la experiencia de las lesbianas o de cualquier tipo de amantes. Estos conceptos son más bien un ejercicio poético-creativo, imaginativo y multiforme, cuyo origen se remite a las amazonas y a la lírica de Safo de Lesbos.2 Vemos entonces que para las autoras, y para los fines de este texto, el placer no se entiende de manera individual sino compartida con otras amantes, amigas, criaturas acompañantes, así como el entorno que las rodea. 

1. La noción de las amantes es quizá la más importante en el Borrador: amantes son todas aquellas que “experimentan un deseo violento las unas por las otras” y que “viven en pueblos”. Wittig y Zeig dedican múltiples entradas a describir las comunidades fundacionales de amazonas-amantes, dando cabida a todas las “invenciones y formas de vida” (13). Por lo tanto, lesbiana es quien vive con sus amantes y “no está perdida” pues “se dirige en primer término” a ellas (128)

Carla Cervantes, Tratado de resistencia

2. La flojera/ pereza, el retiro y el reposo como práctica vital para que el deseo pueda tomar lugar: un ocio placentero “practicado hasta el límite”, a veces induciendo el sueño o la hipnosis. Según las autoras, los estados de pereza también deben suceder “después de largos paseos (…) para no estar en discordancia con las amigas” (166). Junto con las alucinaciones, el descanso juega un papel crucial en el deseo, no tanto en su concreción sino en su creación y en la transformación de fuerzas exteriores. 

3. El altar y el rol del azar: estos son una especie de ritual que tiene lugar en un rincón construido para todas “las cosas que las amantes celebran” (11). Este rincón es importante porque forma parte de la celebración de la vida, la naturaleza, de lo que unió a dos o más y de lo que se ama. 

4. Para la exaltación corporal y del deseo, es necesario encontrarse en un estado de disponibilidad del cuerpo, una implicación de los sentidos y de la atención, de ahí que el descanso y el sueño sean fundamentales para el estado de disponibilidad que las autoras buscan intensificar.

5. El deseo animal: para complacer a su amante, la otra trabaja en una mímica de los gestos de aquellas animales a las que encuentra más cercanas. Al despojarse de los gestos habituales, las amantes aprenden a aullar o ulular. Esta práctica también está asociada al fenómeno de la transformación en yegua, pájara o pez y a las amistades que las amantes tienen con las serpientes.

Yana Wernicke, Loose Joints

6. Tocar y complacer las axilas, las barbas, las orejas y el vellón. Wittig y Zeig nos invitan ya no a fragmentar el cuerpo, sino a disponer de todos nuestros sentidos. En estas y otras entradas reverberan las sensaciones de la miel de los panales de abejas en la piel y los olores del perfume del opoponax, el ámbar o el almizcle. También estrechamente relacionado a la noción de lamer y tragar la saliva, las lágrimas y el cuerpo entero de la otra: “todas prácticas que son agradables a la boca” (193). 

7. La alucinación: las amantes “extraen un gran placer” (12) de experimentar alucinaciones, particularmente en hongos, pero también con hierbas que puedan inducir un estado alterado del cuerpo que no está vinculado ni con la enfermedad ni con la violencia, sino con la apertura a visiones que permitan la conexión con una misma y con la otra.

Iwase Yoshiyuki, Ama Divers

8. Es esencial encontrar un lugar de retiro y reposo en donde dos amantes puedan cubrirse de pieles y echarse a la arena, entre las hierbas, en el agua o en el musgo. En la sensibilidad lésbica que proponen las autoras, esto se traduce casi a un nicho, una isla, un bosque en donde “los poros de la piel se vuelven ojos (…) cuando dos amantes están en circulación” (156). 

9. El viaje y el movimiento: la búsqueda de un ambiente climático y de una comunidad según nuestras necesidades para así estar abiertas y disponibles y avanzar “al encuentro de la otra, con los pies desnudos”(15). El movimiento también refiere a la pérdida del sentido de las palabras, cualidad que las autoras consideran positiva, pues evita que fijemos la dirección y el propósito. 

10. La lentitud como modo otro de deseo y vida. Las portadoras de fábulas, dicen Wittig y Zeig, cuentan historias sobre aquellas amazonas que vivieron en la isla de Obi, que prefirieron la vida vegetal por su ritmo aletargado en comparación con lo animal, uniéndose así en una forma psíquica con los árboles. En lo lento, las amantes “se besan, se abrazan, se hacen, se deshacen y se absorben” para así percibir “el ritmo de todas las funciones de sus cuerpos” (156).

1 Originalmente en francés, es Cristina Peri Rossi —poeta uruguaya igualmente lesbiana— quien traduce al español el Borrador de Wittig y Zeig.

2 Hablo de la poética lésbica en ambos sentidos: el de la orientación sexual/ identidad lesbiana y lo sáfico en la acepción que remite Safo, aquella poeta griega de la isla de Lesbos, de quien también derivan los términos “lesbiana” y “sáfica”. 

Sara Estrada Zúñiga 

Llamarse Olimpia (2025). Cómo hacer cine documental ético, sin violencia ni revictimización

¿Alguna vez te has preguntado cómo fue el recorrido que atravesó Olimpia Coral Melo para lograr que la Ley Olimpia se hiciera realidad, o cómo fue que soportó tanta presión? ¿Qué implicaciones tiene convertirse en un ícono feminista sin pretenderlo? Esas y muchas otras preguntas tienen respuesta en el documental Llamarse Olimpia (2025) de la directora Indira Cato. Nuestro proyecto pretende hablar del placer femenino sin pena ni tapujos, y la primera proyección semestral del cineclub La ruta de los placeres indóciles II da cuenta de ello. En esta ocasión nos acompañaron Alicia Segovia, editora del filme, Jazmin Cato Sosa, guionista y dramaturga, y Laura Miranda, encargada de la fotografía. 

Fotografías tomadas por Sara Rangel, integrante de PLACERFEM. Las integrantes de Chumbera Producciones nos compartieron sus experiencias durante el rodaje del documental en un conversatorio posterior a la proyección.

La cinta es un recorrido íntimo junto a Olimpia y al equipo de producción. El documental comienza con Olimpia preparándose para la marcha del 8M en su ciudad natal, Huauchinango, Puebla. Poco después escucharemos la historia de Olimpia, la misma experiencia que  años después la llevaría a pasar un arduo proceso de marchas y plantones que parecerían interminables. Eventualmente, este proceso culminó con la aprobación de la Ley Olimpia a nivel nacional, y con una propuesta de ley en distintos países de Latinoamérica. 

La idea del placer sexual en el documental está presente desde una perspectiva propositiva: la vergüenza debe cambiar de lado. Nadie tiene derecho a difundir material íntimo para señalarlas por ejercer de manera libre su sexualidad. El equipo de producción buscó mantener la privacidad de las involucradas en el documental, poniendo en el centro la integridad antes que las “ideas creativas”. Finalmente, se trataba de mujeres a las que violentaron compartiendo contenido íntimo, y el cine también es un medio que puede afectar a los personajes. 

Durante el conversatorio posterior a la proyección, las integrantes del equipo de producción nos compartieron sus experiencias trabajando en un proyecto tan complejo como Llamarse Olimpia. El trabajo de Jazmin Cato Sosa como dramaturga fue de suma importancia para involucrar a todas las áreas durante el rodaje. Por su parte, Laura Miranda nos habló de su experiencia como la cámara de este proyecto: su objetivo fue grabar sin violentar, pues al tratarse de un caso como el de Olimpia, era importante que la cámara pudiera acceder a la vulnerabilidad e intimidad de Olimpia sin revictimizarla en cualquiera de las escenas del documental. Después de todo, no solo se muestran aquellos momentos clave para la aprobación de la ley, sino también momentos clave en la vida de Olimpia, tanto los buenos como los malos. Para Laura era importante adentrarnos en la historia sin caer en miradas  que replicaran la violencia.    

El conversatorio posterior a la proyección contó con la participación de miembros del equipo de PLACERFEM y estudiantes de la FFyL.

Para Indira Cato y Alicia Segovia era importante que la puesta en escena fuera una representación digna, más allá de una “buena historia”. Este objetivo fue un reto en la mayoría de las circunstancias alrededor de la película, pues al tratarse de una producción independiente de principio a fin, muchas de las escenas fueron grabadas, dicho en palabras del equipo: “con lo que se tenía y de la forma en que se pudo”. Asimismo, Jazmin comenta que su meta era realizar una película con ética, en la que la realidad estuviera por encima de su plan de trabajo original, y lo logró de distintas maneras: por una parte, se buscó crear acuerdos con todas las involucradas, como respetar las decisiones de Olimpia con respecto a qué grabaciones conservar en el corte final, y cuáles eliminar definitivamente. De la misma manera, desde la edición buscaron respetar la identidad de todas las  víctimas que compartieron  sus testimonios en las redes sociales, censurando los datos de sus cuentas siempre que apareciera alguna publicación original, así como recreando el contenido digital cuando fuera necesario ilustrar algún suceso relevante.

Laura Miranda, Jazmin Cato Sosa y Alicia Segovia, miembros del equipo de Chumbera Producciones y Camila González López, integrante de PLACERFEM.

No podemos hablar de la realización de Llamarse Olimpia sin mencionar el apartado musical de la película, pues no solo recrea las atmósferas que acompaña, sino que también influye en la narrativa de la obra. Comencemos por hablar de la participación de Prania Esponda: rapera, compositora y activista feminista. No se trata de una mera coincidencia, pues su caso resuena especialmente con el mensaje del documental. Su música funciona como una herramienta de denuncia social y como proceso de sanación para ella y el resto de mujeres que la escuchan, generando un sentido de comunidad que forma parte de la lucha que empezó Olimpia. Asimismo, los momentos musicales del documental cumplen una función de descanso posterior a los sucesos de mayor tensión, lo que permite digerir con mayor facilidad los sucesos narrados.

Al concluir el conversatorio, muchas de las chicas que asistieron a la proyección compartieron sus experiencias y nos comentaron cómo, más allá de la empatía por la puesta en escena, se identificaban con las historias del documental. También compartieron sus propias recomendaciones de textos, películas y series para seguir con la discusión a propósito de Llamarse Olimpia; destacaron la novela Un amor de Sara Mesa, Usos de lo erótico. El poder del erotismo de Audre Lorde, la serie de Netflix Grace and Frankie, y la película O último azul del director brasileño Gabriel Mascaro, entre otras.

Antes de concluir, me parece de vital importancia recordarles que Llamarse Olimpia se encuentra actualmente en la cartelera de la Ciudad de México, en sedes como la Cineteca Nacional de las Artes, la Cineteca de Xoco, Cinemanía, y La casa del Cine; también en Guadalajara, San Cristóbal de las Casas, Aguascalientes, Toluca, Tepic, Monterrey, Mérida y Tijuana, tanto para quienes no tuvieron la oportunidad de acompañarnos hace unos días, como para quienes desean apoyar a Chumbera Producciones en la difusión de una obra tan grande y significativa. 

Jessica Leonor Salazar Rodríguez

La ruta de los placeres indóciles II

Cartel oficial del ciclo elaborado por Karen Márquez, colaboradora de PLACERFEM. 

Luego de llevar a cabo cinco exitosas funciones para discutir las representaciones del deseo femenino en el cine durante el ciclo 2026-1, el proyecto de investigación “Análisis interdisciplinario de las representaciones y expresiones del placer sexual de los cuerpos feminizados” (PAPIIT IN 400825, UNAM) les extiende una cordial invitación a formar parte de la segunda edición de su querido cineclub. En esta ocasión exhibiremos cuatro cintas  que incomodan y cuestionan los límites sociales del deseo, desde demandas históricas que tienen que ver con las típicas representaciones del trabajo sexual, hasta la revictimización de aquellas mujeres que fueron violentadas por expresar su deseo en redes sociodigitales. Las funciones se llevarán a cabo una vez al mes, desde febrero hasta mayo, en la Facultad de Filosofía y Letras de Ciudad Universitaria. Todas ellas serán de entrada gratuita, abiertas a todo público. Agradecemos la participación del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), al Acervo de Filmoteca UNAM, a Chumbera Producciones, y a Bestiario Films por proporcionarnos las cintas que hacen posible este ciclo, así como a las críticas y académicas que nos acompañarán en cada función. 
En marzo tendremos una proyección muy especial de Llamarse Olimpia (2025), cinta documental galardonada con el Premio Mezcal a Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), el “Ojo” a Mejor Documental del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), y el Premio del Público del Festival Zanate. La proyección se llevará a cabo el día jueves 12 de marzo en el Aula Magna de nuestra facultad, seguida de una sesión de preguntas y respuestas con el equipo de realizadoras, egresadas (en su mayoría) de nuestra escuela.

 

Still de Llamarse Olimpia (2025), cinta dirigida por Indira Cato.

Sinopsis: Olimpia Coral Melo nunca buscó convertirse en ícono feminista. La humillación al ver su video íntimo viralizado la llevó a querer abandonar su propio nombre. Durante trece años, luchó por impulsar una ley contra la violencia sexual digital en México. Ahora, mientras la Ley Olimpia se expande con fuerza por toda Latinoamérica, ella deberá reconciliarse con sus heridas y reapropiarse del nombre que la vergüenza le quiso arrebatar.
Seguimos con la proyección de La pasión según Berenice (1976), Premio Ariel a la Mejor Actriz para Martha Navarro, a Mejor Dirección para Jaime Humberto Hermosillo, y a Mejor Película de 1977. Se hará en el Salón de Actos a las 16:00 hrs., y contaremos con la presencia de Diana Galán, egresada del Colegio de Letras Hispánicas, poeta y encargada de la Logística de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC). 

Still de La pasión según Berenice (1976) de Jaime Humberto Hermosillo. Archivo Filmoteca UNAM.

Sinopsis: Berenice, una hermosa y enigmática viuda, se dedica a cuidar a su madrina Josefina, una anciana astuta y enferma. Tras la muerte del médico de la familia, Berenice conoce al atractivo Rodrigo, hijo del difunto, por quien se siente atraída de inmediato. A pesar del rumor de que Berenice prendió fuego al lugar donde murió su esposo, Rodrigo insiste en invitarla a salir, y así comienza un complicado juego pasional. 


Continuamos con la ópera prima de Maya Goded: La plaza de la soledad (2015). Tras 20 años invertidos en esta propuesta fílmica, la cinta de Maya Goded muestra la vida de mujeres que trabajan en el oficio más antiguo del mundo. Carmen, Lety, Esther, Ángeles y Raquel son las voces principales del largometraje documental, quienes a través de sus historias cuentan cómo fueron relegadas de la sociedad. La mirada de la fotógrafa Maya Goded contempla y desentraña la vida de sus personajes, mujeres solitarias llenas de aplomo y sabiduría.

Sobre este proyecto, la fotógrafa y cineasta comenta: 

Una de mis fotografías que siempre ha incomodado es la de Juanita, una trabajadora sexual de 70 años acostada con un cliente en una cama de hotel. Me preguntaban si es una puesta en escena, si lo había inventado. Argumentaban que a esa edad las mujeres ya no ejercían la prostitución. Me di cuenta de que les molestaba ver la sexualidad de una mujer. Esa fotografía quedó en el corcho de mi estudio para que algún día le diera voz. En este trabajo que realicé durante varios años en la Merced, en el centro de la Ciudad de México, siempre sentía que me faltaba la voz de las mujeres; desde mi primera exposición escribía sus voces, ponía audios de sus voces en los montajes. Hasta que empecé una película en febrero del 2012, la cual terminé en el 2015.

Still de La plaza de la soledad (2015), ópera prima de Maya Goded.

Esta proyección se llevará a cabo el día 13 de mayo en el Aula Dra. Tatiana Sule, a las 16:00 hrs. Nos acompañará la Dra. Adriana Bellamy, profesora de la ENAC y de la FFyL, investigadora y crítica de cine. Su más reciente publicación El cine como ensayo da cuenta de su expertis en el cine documental. 

Still de Un amor (2023). Cortesía de Bestiario Films.

Cerraremos el ciclo con Un amor (2023), cinta de Isabel Coixet que adapta el texto homónimo de Sara Mesa, la autora madrileña. La función se llevará a cabo el 5 de junio a las 18:00 hrs. en la Librería Utópicas, como el semestre pasado, y contaremos con la presencia de la Mtra. Jennifer Córdova, Coordinadora del área de Convocatorias de Procine y Jefa del Departamento de Cine de la Secretaría de Cultura de Michoacán.
Sinopsis: Tras huir de su estresante vida en la ciudad, Nat, de 30 años, se refugia en el pequeño pueblo de La Escapa, en la España rural más profunda. En una casa de campo destartalada, con un perro callejero, la joven intentará reconducir su vida. Tras lidiar con la hostilidad de la persona que le alquila la casa y la desconfianza de los habitantes del pueblo, Nat se ve obligada a aceptar una inquietante proposición sexual que le hace su vecino Andreas. Este extraño y confuso encuentro dará lugar a una pasión obsesiva y desbordante que envolverá por completo a Nat y la hará cuestionarse el tipo de mujer que cree ser.

Esperamos contar con su presencia. ¡Nos vemos en el cine!
CG

Cuerpos y placeres polimorfos: dos cuentos de Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer (2019)

Estudio Letras por el placer que me provoca el contacto con los cuerpos literarios. Mis encuentros textuales son diversos: novelas leídas una sola vez, relatos frecuentemente revisitados, prolongadas relaciones exclusivas con un libro, variadas lecturas simultáneas, entre otras posibilidades. Gozo enormemente la mayoría de mis encuentros; sin embargo, disfruto particularmente aquellos que resuenan conmigo. Hace algunos meses me enamoré a primera vista de una cubierta blanca con una foto de Dorothy —personaja de la película El mago de Oz (1939)—, quien lucía el mismo inconfundible maquillaje que David Bowie en la portada de su álbum Aladdin Sane (1973). La alusión al extraordinario artista británico abiertamente bisexual y la presencia de un largometraje sumamente significativo para las disidencias sexo-genéricas indicaban transparentemente el eje central de Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer (2019).

Cubierta de Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer (2019), publicada por Dos Bigotes (@editorialdosbigotes). Diseño: Raúl Lázaro (@raul____lazaro). 

El libro, publicado por la editorial española Dos Bigotes, recopila quince cuentos LGBTQ+ contemporáneos. Entre esta nutrida selección de cuentos, tanto “Fragmentos, glitches y batas de cola” de Alana S. Portero como “Nodriza” de Aixa de la Cruz destacan por sus aproximaciones al placer sexual de los cuerpos feminizados. El primero critica las repercusiones de la perspectiva binaria sobre la genitalidad en la construcción del deseo; por otro lado, el segundo retrata el goce lésbico de una madre primeriza. Ambos transgreden las constricciones heteronormativas de la sexualidad al mostrar no sólo el polimorfismo de los cuerpos, sino también el de los deseos y  los afectos.

       El relato de Alana S. Portero, escritora trans madrileña, anuncia su estructura desde el título, pues mediante la fragmentación narrativa da cuenta de múltiples vivencias en torno a la vaginoplastia de la protagonista. Este cuerpo textual frankensteiniano, compuesto por partes heterogéneas, permite explorar un amplio abanico experiencial: unas situaciones son ominosas, abyectas, incómodas y dolorosas, mientras que otras resultan deleitosas, enternecedoras, eróticas y eufóricas. Entre las primeras, se encuentra una conversación con un médico, a quien se le plantean dudas sobre el futuro proceso quirúrgico. Ante las preguntas legítimas de la protagonista, el profesional de la salud responde que “[l]a preocupación por la libido es un rasgo muy masculino, lo sabes, ¿no?” (29), por lo que “[s]i necesitas repetir alguno de los procesos psiquiátricos, no hay problema. Puede que no estés lista” (29). En este caso, la psiquiatrización del deseo no sólo pretende silenciar tajantemente las dudas de la interlocutora para que el doctor monopolice la conversación, sino también implica poner en tela de juicio la aceptabilidad de las expresiones sexuales no hegemónicas.       Aunado a otras instancias donde se exhiben violencias ejercidas contra las subjetividades disidentes, el texto de Portero despliega las posibilidades plenamente eróticas de la carnalidad queer. Para ésta, la identidad deja de reducirse a los genitales, como se aprecia en la siguiente cita: “El hombre está sobre mí, tiene que abrirse mucho de piernas para estar a horcajadas por la diferencia de tamaño, apoya las manos en las carnes que circundan mi cadera, me aprieta los pechos, cuando mete mi pene en su vagina nos miramos y todo en esa habitación y en esa mirada dice «que se jodan»” (30). Identificarse como hombre no se reduce a tener un pene entre las piernas, así como ser mujer no se ciñe a poseer una vagina. Al tomar lo anterior en cuenta, las posibilidades relacionales se multiplican tanto como las formas de sentir placer.

Alana S. Portero, medievalista, escritora, poeta, dramaturga y directora escénica mundialmente reconocida por La mala costumbre (2023), su novela debut. 2024. (Foto: Florencia Downes)

Dicho polimorfismo gozoso se presenta igualmente en “Nodriza” de Aixa de la Cruz, narración sobre una madre primeriza exhausta ante la dificultad de amamantar a su bebé. La frustración se deriva de la imposibilidad de cumplir con la obligación maternal de nutrir al hijo, pues socialmente se han invisibilizado las complejidades de la maternidad al caracterizarla como una condición natural, instintiva y automática. Sin embargo, para Ana, la protagonista, “[l]a maternidad no ha resultado un asunto meramente intuitivo como se lo prometieron, sino un test de inteligencia extenuante” (54). Además, los acercamientos de la criatura a su seno se describen en términos bélicos para evidenciar las complicaciones de la lactancia: “El combate ha reabierto una vieja llaga en su pezón izquierdo y las dentelladas le hacen gritar. Madre e hijo compiten ahora por ver quién duele más fuerte” (54). Cristina, amiga de Ana convertida en mamá hace seis meses, ofrece su propia leche para alimentar al bebé voraz. Éste succiona plácidamente el líquido del pecho ajeno, escena que excita a la protagonista.

La fuente del placer en este cuento se vincula a lo visual mediante la contemplación del amamantamiento. En primer lugar, la tranquila posición de Ana como espectadora implica la existencia de una red de apoyo femenina en la que puede descansar al compartir sus responsabilidades con Cristina. En segundo lugar, la lactación representa una actividad mediante la que el goce se descentra de los genitales para expandirse a otras zonas erógenas del cuerpo, como los senos. A su vez, tal reconfiguración permite ampliar las posibilidades eróticas al considerar los pechos no sólo como una herramienta para alimentar, sino también para gozar: “siente los pinchazos de la leche saturando sus propios conductos y ese cosquilleo tan particular de la oxitocina en sangre que siempre se había parecido a la excitación sexual pero que solo ahora experimenta con excitación sexual” (55). Además, en este texto se reconoce el potencial sexual de las madres, cuyos deseos suelen invisibilizarse ante el mandato social de convertirse en figuras abnegadas que sacrifican su placer en pro de su descendencia.

Aixa de la Cruz, escritora bilbaína autora de libros como Modelos animales (2015), La línea del frente (2017), Las herederas (2022),Todo empieza con la sangre (2025), entre otras. 2021. (Foto: Leonardo Cendamo/Getty Images)

En suma, ambos cuentos subvierten las expectativas cisheteropatriarcales de la sexualidad al cuestionar los límites de los mandatos sociales. Estas representaciones no se restringen a su diégesis, pues su influencia se extiende hacia les lectores, cuyo acercamiento a estas nuevas narrativas queer excita su capacidad imaginativa para concebir una plétora de deseos y placeres que trasciende las expectativas convencionales. A su manera, el encuentro textual con estos dos cuentos de Asalto a Oz también representa un encuentro sexual, pues el cuerpo literario estimula el complejo cuerpo somático de sus receptores, quienes gozan la lectura y sus aplicaciones en contacto con otras corporalidades. 

Jessica Morales Aguilar 

Obras citadas

de la Cruz, Aixa. “Nodriza”. Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer. Dos Bigotes, 2da ed., 2020, pp. 53-56.Portero, Alana S. “Fragmentos, glitches y batas de cola”. Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer. Dos Bigotes, 2da ed., 2020, pp. 27-41.

Placer, orgasmos y justicia erótica. Rumbo al 8M 

Gozar de una vida sexual placentera, libre de violencia y coerción, forma parte de los derechos sexuales y reproductivos, y de la salud sexual (OMS, 2018). Sin embargo, el acceso al placer no es igual para todas las personas, existen desigualdades estructurales que influyen en la manera en que vivimos nuestra sexualidad. 

Placer sexual y orgasmo no son necesariamente lo mismo, el placer sexual es una experiencia y un proceso que involucra sensaciones, emociones, que requiere de la presencia corporal pero también de una parte afectiva y emocional, en esta experiencia de goce y satisfacción, el orgasmo puede hacerse presente. Existen críticas que buscan descentralizar el orgasmo de la respuesta sexual, y sin bien eso es relevante para ampliar y diversificar la experiencia del placer, descentralizar el orgasmo sin perspectiva de género podría traer lo que Damonti (2020) menciona como un fortalecimiento del status quo en la desigualdad de la experiencia del orgasmo y el placer sexual. 

Estudios recientes señalan que existe una brecha en el orgasmo, es decir, que las mujeres tienen menos orgasmos que los hombres en encuentros heterosexuales (Damonti, 2020), sin embargo, en encuentros lésbicos, las mujeres alcanzan orgasmos con mayor frecuencia (Mahar, Mintz y Akers, 2020). Esto indica que la diferencia no se explica por razones biológicas, ni por la supuesta “complejidad” del cuerpo femenino, sino por factores sociales y culturales. La desigualdad en el placer tiene raíces patriarcales y una larga historia de opresión erótica que influye en como expresamos y vivimos el placer. 

Todos los cuerpos son capaces de tener orgasmos (Komisaruk, Whipple, Nasserzadeh, Beyer-Flores, 2011). La brecha responde a múltiples factores: la falta de información, los guiones sexuales centrados en la penetración, el doble estándar sexual que promueve una sexualidad pasiva y reactiva en las mujeres, así como la dificultad para reconocerse merecedoras de placer en una cultura que prioriza la productividad sobre el disfrute y el descanso. 

La forma en la cual se nos enseña y socializa sobre la sexualidad está atravesada por discursos patriarcales, se instaura una sexualidad a favor de la reproducción, con base en la culpa, el miedo, la vergüenza y el desconocimiento. Esto influye en cómo habitamos el cuerpo y cómo nos relacionamos con el placer. 

Por eso, el orgasmo es más que un orgasmo. La falta de acceso al placer revela otras desigualdades, como la sobrecarga de responsabilidad, por ejemplo, de cuidados, crianza, así como económicas, educativas, de acceso, culturales y de género. Nos invita a preguntarnos: ¿el placer es una prioridad para todas las personas? ¿Qué condiciones hacen que para algunas si lo sea y para otras no? 

La justicia erótica propone mirar estas desigualdades de forma más amplia. Reconoce que el acceso a una vida sexual saludable y placentera está atravesado por el género, pero también por la edad, la orientación sexual, la religión, la clase social, y otros factores. Reivindicar el placer como un derecho humano y plantea que los obstáculos al disfrute no son sólo individuales, sino también colectivos y de responsabilidad social. 

En el marco del 8 de marzo, día de memoria, lucha y reflexión sobre las desigualdades estructurales, hablar de placer y orgasmos también es una forma de cuestionar y transformar. Es preguntarnos por que las mujeres y otras identidades viven de manera distinta el placer, que bloquea su disfrute y que cambios sociales son escenarios para que el bienestar sexual sea una posibilidad real para todas las personas. 

https://forms.gle/FSZFZEJ64Gs6ypTe8

Andrea Valerio Mora

Ilustración realizada por @seescribeyao

Referencias 

Damonti, P. (2020). La brecha orgásmica. Katakrak

Komisaruk, B., Whipple, B., Nasserzadeh, S., Beyer-Flores, C. (2011). Orgasmo. Todo lo que siempre quiso saber y nunca se atrevió a preguntar. Paidós. 

Mahar, E., Mintz, L. & Akers, B. (2020). Orgasmo Equiality: Scientific Findings and Societal Implications. 

Organización Mundial de la Salud. (2018). La salud sexual y su relación con la salud reproductiva: un enfoque operativo. ISBN: 978-92-4-351288-4 

Escritura y goce: la propuesta de Audre Lorde 

La prosa de Audre Lorde esta cargada de una sensibilidad poética que pone en escena el goce no sólo de sus personajes, sino también el de la palabra, pues sus textos son como cuerpos que gozan, sufren y transmiten los saberes que las sensaciones les otorgan. Zami: una nueva forma de escribir mi nombre. Una biomitografía, publicada en 1982, es un relato autorreferencial en el que Lorde narra su crecimiento y el desarrollo de su erotismo en un contexto marcado por el racismo y la discriminación de una sociedad repleta de prejuicios y por la violencia de una familia disfuncional en la que cada integrante vive batallas no dichas. Mediante una forma narrativa que mezcla una mitología propia, historia y biografía, la narradora reafirma su identidad en la multiplicidad de todas las historias que la conforman, al mismo tiempo que honra su origen y reconoce la importancia de las personas que la han acompañado a lo largo del camino. El erotismo es un elemento clave de este proceso pues es la fuerza que le da la pauta que ha de seguir.

Zami, a new spelling for my name, en la versión de The Crossing Press/Trumansburg.

En su emblemática conferencia “Uses of the Erotic: The Erotic as Power”, publicada en Sister Outsider, Lorde declara que “lo erótico es una medida entre los inicios de nuestro sentido del yo y el caos de nuestros sentimientos más fuertes. Es un estado interno de satisfacción al que, una vez que lo experimentamos, sabemos que podemos aspirar” (1984, 54). En su visión, el erotismo puede ser una forma de autoafirmación en la luminosidad del placer, es una forma de estar en el mundo que reconoce la potencialidad del bienestar y del estado de expansión que nos otorga lo erótico, que, desde esta perspectiva, puede incluir la dimensión sexual pero no se limita a ella, pues es posible erotizar cada aspecto de nuestras vidas. A partir de esta idea, Lorde reconoce el poder transgresor del erotismo, del deseo y del placer y hace hincapié en la importancia del erotismo como herramienta en la resistencia de las mujeres ante las imposiciones tanto del patriarcado como del capitalismo. El erotismo consciente, como fuente de conocimiento, nos conecta con aquello que es ancestral en nuestros cuerpos, con un saber que nos vuelve fuertes y peligrosas. Anh Hua señala que “Lorde nos recuerda la importancia de recuperar y practicar lo que yo llamo “la ética del feminismo placentero”, es decir, la recuperación de la encarnación femenina, el placer femenino y la sensualidad femenina como un sitio sagrado activista para contrarrestar las opresiones patriarcales, raciales y heteronormativas que tantas mujeres experimentamos en nuestra vida diaria” (2015: 113). 

Por ejemplo, una experiencia cotidiana y maravillosa como la menstruación es fuente de  poderosa sensualidad. Lorde relata su primera menstruación como un despertar hacia ella misma: “sentía mi cuerpo como algo nuevo y especial y desconocido y sospechoso, todo ello al mismo tiempo […] Sentía entre las piernas el leve roce de la suave protuberancia de la compresa de algodón y el delicado olor a pan de frutas que emanaba de delante de mi blusa estampada, mi propio olor de mujer, tibio, vergonzoso, pero, en realidad, totalmente delicioso” (1982: 158). Vivir el cuerpo y sus procesos con la calma de la contemplación en un contexto que puede ser sumamente hostil y violento es descubrir un mundo en constante cambio que es, además, motivo de reflexión y fuente de inspiración.

Audre Lorde, activista, poeta y escritora. 1983. (Foto: Robert Alexander/Getty Images)

Sumado a la experiencia del erotismo como fuerza de vida, Lorde aborda la importancia de la comunidad a través del término “zami”, herencia de los orígenes caribeños de su madre, que “designa a aquellas mujeres que colaboran como amigas y amantes” (Lorde, 1982: 528). La autora lo retoma para nombrar su experiencia y re-entenderse a sí misma: “zami” se vuelve una reescritura de su nombre porque se reconoce a ella misma en esta palabra que conjuga su origen, tanto el que simboliza su figura materna como el geográfico que construye su imaginairo, con una fuerza que encuentra y que forma parte de una nueva ética de vida basada en el compañerismo entre mujeres. El autoconocimiento que se adquiere en la práctica del erotismo consciente estaría vacío sin la presencia de la otra, compañera, amante, amiga o incluso simplemente conocida. 

Para la autora, reconocer la importancia de las mujeres que han formado parte de su vida es un punto clave para su construcción identitaria. Desde el prólogo que antecede al relato de la novela se pregunta: “¿A quién le debo el poder detrás de mi voz? […] ¿A quién le debo los símbolos de mi supervivencia?” (1982: 7) y adelanta la respuesta: “algunas imágenes de mujeres, llameantes como antorchas, adornan y definen las orillas de mi travesía, se yerguen como diques entre mí y el caos. Son imágenes de mujeres, amables y crueles, las que me conducen a casa” (Lorde, 1982: 3). El aprendizaje no discrimina: Lorde reconoce el conocimiento que tanto la dulzura como el dolor pueden traer. Escribir sobre estas mujeres que iluminan su camino es una forma de agradecimiento y de homenaje. La autora es capaz de mantener esa mirada llena de esperanza porque ha aprendido de cada adiós, de cada separación: “cada mujer a la que he amado en mi vida ha dejado su huella en mí, y en ella he amado alguna parte inestimable, separada de mí —tan separada que tenía que estirarme y crecer para reconocerla—. Y ese crecimiento ha provocado nuestra separación, lugar en el que comienza cualquier trabajo. Otro encuentro” (2023: 527) Así, “zami” se extiende en el tiempo y abarca también el trabajo realizado con las mujeres que atravesaron, aunque fuera por un periodo corto, la vida de Lorde y cuya influencia sigue presente aunque ellas ya no estén ahí. De este modo, la postura que Lorde expresa en esta novela va adquiriendo los tintes de una filosofía de vida, en la que compartir el erotismo, en toda su extensión de fuerza creadora, con otras mujeres es parte del día a día. 

Erotismo, cuerpo e identidad confluyen en las aportaciones de Audre Lorde, quien tanto en textos de ficción como en textos de no ficción busca entenderse y defender la potencia creadora del erotismo. La propuesta de esta autora es la de un erotismo politizado que nace desde el auto-entendimiento, afirma al yo y puede contribuir a crear una colectividad solidaria en la que cada cuerpo con su propio erotismo tenga cabida. Lorde aborda la idea del erotismo consciente, pero también expresa un erotismo íntimamente relacionado con el amor: un amor hacia sí misma que nadie le enseñó a cultivar, un amor que abraza las diferencias de las personas que la rodean y, finalmente, un profundo amor a la vida. En Zami no sólo se narran las experiencias amorosas y eróticas de una mujer marginada por su origen, su género y la expresión de su deseo, sino que  también se muestra su incansable búsqueda por afecto y compañerismo y su creación de una nueva forma de entenderse a sí misma desde el amor. 

Zami ilustra cómo “reconocer el poder de lo erótico en nuestras vidas puede darnos la energía para buscar un cambio genuino en nuestro mundo, en lugar de simplemente conformarnos con un cambio de personajes en el mismo drama agotador” (1984: 59). Y, además de ser una obra conmovedora, poética y franca en su exploración de una sensualidad que recrea el mundo, es un llamado a atrevernos a encarnar el erotismo, tanto en su cualidad de memoria ancestral como en su potencia de creación, conjugando lo colectivo con un yo que se reafirma en sus placeres. Sin duda una lectura imperdible. 

Ilse Campos

Bibliografía

Hua, Anh. (2015). “Audre Lorde’s Zami, Erotic Embodied Memory, and the Affirmation of Difference”. A Journal of Women Studies, Vol. 36, No. 1, pp. 113-135. University of Nebraska. 

Lorde, A. (1984). “Uses of the Erotic: The Erotic as Power”. En Sister Outsider. New York: Crossing Press

—. (2023). Zami: una nueva forma de escribir mi nombre. Una biomitografía. Trad. Magalí Martínez Solimán. Madrid: Capitán Swing Libros.

El deseo en el dolor: Un (breve) recorrido histórico de las prácticas sadomasoquistas.

La artista Lady Gaga caracterizada en la estética del BDSM propia de los años 80s

La introducción que tuve del sadomasoquismo (S/M) en mi vida fue a través de la cultura pop. En las películas, la cultura y el arte hay una influencia particular de la estética sadomasoquista: cuero, látex, cuerdas y vendajes son cosas que se adaptaron al mundo de la moda y se han ido uniendo al guardarropa como una prenda básica. El cine erótico rescató la sensualidad de la práctica sadomasoquista, como se puede ver en Sex, Lies and Videotape (1989), The Piano Teacher (2001), Secretary (2002), y en Babygirl (2023), por mencionar algunos ejemplos a los que no les ha ido mal en la crítica.  La música también se ha visto influenciada por la estética sadomasoquista, específicamente el metal, con bandas como Slipknot, que hicieron parte de su identidad visual los instrumentos de las prácticas sadomasoquistas.

 Dada la reincidencia de esta moda en internet,  nadie podía dejar de hablar al respecto. Mi cabeza empezó a dar vueltas en torno  a este fenómeno cultural y cómo es que se ha adaptado al estilo de vida queer, así como al heterosexual: en hombres y mujeres, en la élite y en la periferia. 

En los foros de discusión me encontré con la controversia que causa este tipo de deseo en el feminismo, en la psicología, en la psiquiatría y en la filosofía, así que traté de entender la práctica sexual del sadomasoquismo desde una mirada erótica y no científica. 

La concepción del sadomasoquismo de hoy en día surge en el siglo XIX, con el manual del psiquiatra Richard Von-Krafft-Ebbing, titulado Psychopathia Sexualis, y publicado en 1886. Ahí se nombra a las prácticas sexuales asociadas al placer y al dolor. Ambos términos surgen de la literatura:  el “sadismo”, derivado de los textos del Marqués de Sade, y masoquismo”, derivado de los relatos de Leopold Von Sacher Masoch. El conjunto de las dos palabras, sadomasoquismo, es como se le empieza a conocer en el siglo XX a una serie de prácticas que involucran el dolor y el placer. Varios autores como Deleuze propusieron la separación de estos, pero para fines prácticos me referiré a la práctica como sadomasoquismo. 

A principios del siglo XX, las tendencias sadomasoquistas eran consideradas en foros científicos y psiquiátricos  como “excesivas” o “perversas”. Cuando se hablaba de tendencias sádicas sexuales masculinas, se les veía como algo dentro de lo común en la sexualidad del hombre, pero cuando se hablaba de disfrutarlo se evocaba  como algo excesivo, ya que se creía que estos individuos eran seres primitivos que tenían una regresión a las conductas barbáricas evolutivas. En el debate psicoanalítico, el masoquismo sexual femenino se veía como un vínculo con aquella sumisión natural de la que la mujer huyó, y entonces construía una versión perversa y excesiva en un intento de manipular a otros para cometer crímenes o evitar el acoplamiento normativo, imponiendo su propia agencia inapropiada. Esto nos muestra que los conceptos, aunque heteronormados, eran etiquetados como excesivos y, por lo tanto, enfermos.

Portada de The Night Porter de Liliana Cavani.

Pero, ¿qué pasaba cuando era al revés? Se creía que el masoquismo latente era la sexualidad natural de la mujer, pero cuando se manifestaba en los hombres era visto como algo aberrante y degenerado. Por otro lado, la agencia sádica manifestada en mujeres,era vista como una atrocidad, pues se asociaba con una  concepción retorcida de la feminidad, en tanto que la mujer trataba de salir de su papel servicial ante los hombres  y representaba una amenaza para la sociedad. A pesar de que sus pacientes sadomasoquistas dijeran entender su deseo, Krafft-Ebbing decidió que no tenían conciencia de ellos mismos, y que la perversidad de estos sujetos era un hecho visible en sus genes, que explicaba por qué se suscitan perversiones en la conducta sexual de los individuos.  Además, afirmaba que en las grandes ciudades existían más pervertidos sexuales, ya que, según él, los episodios de decaimiento moral siempre coinciden con la progresión de la feminidad y el exceso de lujuria en las naciones.Esto nos ayuda a entender el sadomasoquismo desde la heteronormatividad; sin embargo, estas prácticas están altamente relacionadas con las personas homosexuales. ¿Por qué? Se debe a que en el siglo pasado hubo una compleja confluencia de tendencias que propiciaron el surgimiento de  subculturas sexuales, específicamente homosexuales masculinas. Esto legitimó una serie de nuevas medidas represivas dirigidas a poblaciones disidentes y mayoritariamente proletarias, que hicieron que  el S/M se relacionara históricamente con la comunidad queer.

Tim Curry en el set de El Show de Terror de Rocky (1975) 

Ahora que conocemos la historia de este concepto entendemos por qué por qué la población y los especialistas  (doctores, psiquiatras y psicólogos) han marginado a aquellas personas que practican el sadomasoquismo, degenerando dicha práctica y convirtiéndola en algo vergonzoso y  polémico. Pero ¿si empezáramos a entender al sadomasoquismo como una estética en vez de como una patología, los sentimientos asociados a la vergüenza se verían cambiados de una  u otra manera? El sadomasoquismo, entendido  como una práctica estética, se resiste a una esencialización de la sexualidad, ya que médicamente es muy difícil explicar por qué aquello que me duele me causa placer. Desde el debate foucaltiano, estas personas están poniendo en práctica muchos juegos de poder, como el interés y la curiosidad, la astucia y la manipulación, y según el autor, “en  una cultura en la que el sexo ya no representa el reto que antes era, estas estrategias fueron incorporadas en el acto sexual para intensificar el placer y evitar el aburrimiento” (Foucault, “Sexo, poder y políticas de la identidad”)

Baudrillard (1979) debate que el sadomasoquismo se construye como una interpretación estética posmoderna debido al momento cultural en el que se populariza, ya que es un acto construido de forma ritualística y reversible, que “contrasta con lo que se postula que es una estructura real ya que esta se va inscribiendo en una dinámica verbal y visual, en la que hay una teatralidad y una actuación que no se inscribe en la vida real del individuo.”

El S/M es una obra de teatro que pareciera hacer una sátira de los roles impuestos por medio de una seducción no convencional. La autora Susan Farr (1981) lo expone muy bien cuando narra su experiencia practicando este tipo de juegos sexuales en una relación lésbica, exponiendo que una no es ama y la otra esclava, o una  la que manda y la otra la que obedece, sino que una  no está completamente sometida y la otra tampoco  es la que somete totalmente. Esto abre la posibilidad de que, cuando se participa en un ritual de agresión, se acuerde una palabra, que hace que la cortina se pueda bajar cuando cualquiera de los dos actores quiere acabar la obra e irse a casa. Después de todo no es solo crear la escena, es crear el escenario. El simbolismo toma un papel muy importante en este tipo de dinámicas, que son nombradas como contratos entre los dos individuos. Son polos eróticos definidos por un significante de pasión, de confianza y de intensidad, que fluyen en una situación totalmente consensuada.

Tomada de la revista Taste of Latex (1990).

La idea de que el S/M está asociado con una violencia de orden más profundo o inconsciente es rechazada por sus practicantes, pues se adscriben  tan conscientes y libres como cualquier otro grupo de actores sexuales. Esto viene de la creencia de que actos sexuales particulares “causan” otro tipo de actos infames, y que tienen un poder social para configurar conductas sociales. Aunque se puede afirmar que hay conexiones entre lo que la gente practica en la cama y lo que hacen en su día a día, estas son mucho más complejas, paradójicas e inclusive contradictorias. Hay una diferencia entre el juego y la realidad. Así como jugar Monopoly no es lo mismo que tratar de dejar en bancarrota a todos y tratar de dominar al mundo, este es un ritual de elección deliberado, controlado y estilizado que comúnmente incluye preparación extensiva, negociación y una puesta en escena. 

Tal vez el sadomasoquismo siempre sea un acto controversial sin una forma puramente médica o estética de definirse, pero nos puede decir mucho de la actualidad la forma en la que la cultura del internet ha abrazado esta erótica, específicamente en las que sus deseos son expuestos e ilustrados sin ponerles una etiqueta de enfermizos o perversos. 

Instrumentos utilizados por Dominatrix en la práctica sadomasoquista.

Es paradójico decir que algunas personas encuentran dolor en el placer, amor en la violencia y libertad en el control. En el entendimiento y exposición de estas realidades se puede aprender a disfrutar de diferentes formas, y a confiar en nuestro cuerpo más que en nuestros pensamientos para tener una sensibilidad que solo puede ser accesible por el tacto y no por el pensamiento. 

Escrito por Elena Sandoval Cárdenas 

Bibliografía: 

Oosterhuis, H. (2020) Push and Pull: Biological and Psychological Models of Sexuality in    Medical Sexology and Psychoanalysis (1870-1930). From: Oxford Research Encyclopedias: Psychology, p. 1-27. Oxford University Press. 

Richard von Krafft-Ebing, (1997) Psychopathia Sexualis, Ed. Mathes & Seitz Verlag, GMBH, München, Deutschland.

Byrne, R. (2013) Aesthetic Sexuality: A Literary History of Sadomasochism. Bloomsbury Publishing, London. Farr. S. (1981) The Art of Discipline: Creating Erotic Dramas of Play and Power. From Coming to Power: Writings and Graphics on Lesbian S/M a form of eroticism based on a consensual exchange of power. Alyson Publications.

Flotando entre pasiones y colores: un vistazo al VIII Coloquio de Letras Diversas

Fotografías: cortesía del Seminario de Subjetividades Diferenciales y editadas por Sara Rangel, colaboradora de PLACERFEM. 

Uno de los objetivos de PLACERFEM es visibilizar las pasiones que tienen los cuerpos invisibilizados por la heteronormatividad. Por esa razón, resultaba indispensable asistir a un Coloquio que sigue muchos de los principios que ansiamos.

En este primer acercamiento al octavo Coloquio de Letras Diversas asistimos a la Conferencia Magistral: Las delirantes perversiones. Ecos, metáforas y puentes con la poesía modernista en México que impartió el Dr. César Cañedo, quien además es miembro de nuestro proyecto de investigación. En este espacio, Cañedo analizó la obra de autores como Juan Cotto, Miguel Ángel Osorio Benítez (Barba Jacob), Germán Pardo García y Rafael Arévalo Martínez y destacó sus deseos y provocaciones en la poesía.

Después tuvimos la fortuna de entrevistar al Dr. César Cañedo, quien fue uno de los fundadores de dicho coloquio, quien nos compartió un poco de la historia y las transformaciones de este encuentro anual. Con las ponencias pudimos apreciar la calidez, el abrazo a las disidencias, y el carácter contestatario del evento. En mi experiencia, todo esto se potenció después de escuchar a César durante la entrevista. potenció después de escuchar a César durante la entrevista.

El profesor nos compartió amablemente que el proyecto, tan grande y valioso como es ahora, surgió de una conversación entre dos amigxs, César Cañedo y Ernesto Résendiz:

César Cañedo: El punto es que cuando Ernesto Reséndiz y yo fuimos compañerxs, nos dimos cuenta de que en la facultad no había nada reciente o abiertamente para estudiar esa perspectiva, la de las disidencias, el cuerpo, el género y el deseo en la literatura. Y empezamos a conformar un grupo de debate de lecturas. Entonces propusimos el Seminario de Literatura Lésbica Gay. 

Fotografías: cortesía del Seminario de Subjetividades Diferenciales y editadas por Sara Rangel, colaboradora de PLACERFEM. 

El Dr. César Cañedo nos compartió una anécdota que me pareció muy importante sobre la apertura de nuevos espacios:

CC: Si no existe un espacio así ¿por qué no lo hacemos? Las pasiones que tengan como estudiantes o como lectores hay que escucharlas. Hay que seguir esos sueños académicos porque también se vuelven propósitos de vida. A todos esos intereses y pasiones hay que llevarlas de la mano. Tratar de alejarse de los juicios, de la normatividad, y de los castigos, es decir, seguir  un poco más los deseos y pasiones que pueden ser fundamentados mediante la teoría y la crítica. El deseo de generar comunidad, ante la desesperación de sentirse solo, es uno de los sentimientos detrás de este Coloquio. 

El siguiente punto de nuestra conversación fueron los objetivos del Coloquio de Letras Diversas:

CC: Se trata de quitarle a la Academia lo que pueda tener de acartonada y darle siempre un tono muy festivo… Entrar a color, que eso ya parecía bastante… Ya nos divertíamos provocando, cuestionando, incitando a hacer las cosas distintas. Que habláramos de nuestras pasiones, de otras cosas que no tengan que ver con la Academia.

Hacer sentir viva a la facultad considerando a la comunidad LGBTQ+  fue algo sumamente preciado porque, en palabras del Dr. Cañedo: “También había una intención de intervenir la facultad: de apropiarse de sus días. Todo el mundo sabía que en esos días se iba a jotear, a lenchear, a transexualizar y a travestir la facultad.” La libertad de expresión en tu propio espacio y contexto es algo que nunca debería ser negado a ningún ser humano. Se debe apartar la opresión, la vergüenza, la culpa y el silencio.

Fotografías: cortesía del Seminario de Subjetividades Diferenciales y editadas por Sara Rangel, colaboradora de PLACERFEM. 

Como en todo proceso humano, hay gente que se va y gente que llega. Afortunadamente se estructuró una red de alianzas que podrá retomar las veces que sea necesario este tipo de espacios. Cañedo comentó al respecto:

CC: Lo que ha sucedido con este proyecto es que ha tenido muchas caras y muchos colores. Eso también me da mucha alegría, que el nivel y el interés han subido muchísimo, aunque eso significa que no hay muchos espacios como este. Si llegan 100 ponencias es porque no hay a dónde mandarlas. Entonces [el Coloquio] se convierte en un faro, en un apapacho. 
El Coloquio irradiaba calidez, alegría y fuerza en cada una de las ponencias. Por lo que fue sumamente placentero escuchar a tres de las integrantes de PLACERFEM en este increíble espacio: Sara Estrada Zúñiga, Sthefany Canales Viveros y Camila González López.

Fotografías: cortesía del Seminario de Subjetividades Diferenciales y editadas por Sara Rangel, colaboradora de PLACERFEM.

La ponencia de Sara Estrada y Ana Calderón fue “El alcohol en Carol: el consumo diferenciado en dinámicas lésbicas dentro y fuera de la ficción”. Sara y Ana comentaron que Therese, coprotagonista de la cinta, inicia un proceso de imitación que la lleva a consumir las mismas sustancias que Carol. Ellas nos explicaron que Therese deja el mundo masculino (o el mundo heterosexual) e inicia un proceso de autoconocimiento gracias a la relación que tiene con Carol, aunque, como mencionaron Sara y Ana, Therese desarrolla un consumo de alcohol problemático. El consumo diferenciado surge del afán de comportarnos como las personas que nos rodean, pero también se explica a partir de los espacios de vulnerabilidad y de los rituales de pertenencia identitaria. En cambio, el consumo problemático se manifiesta como una afectación individual y colectivo.

Por otro lado, Sthefany desarrolló los postulados de Judith Butler en su ponencia titulada “‘El dolor de las travestis es como un hechizo’: los afectos que construyen la casa en Las Malas de Camila Sosa Villada”. Sthefany explicó que las travestis y las trans son híper-conscientes de su dolor, pues trabajan con su cuerpo. También hizo un análisis de los personajes para explorar la personificación del dolor y la ternura, así como la historia del dolor de los cuerpos marginados, entre otros temas para insistir en que las historias y los cuerpos trans son válidos. 

Por otro lado, Camila se interesó en Autofagia, novela de Alaíde Ventura. Camila señaló que acciones como chupar, comer, morder y besar se entrecruzan con el deseo de las personajas, puesto que tienen una relación sexoafectiva afectada por la desorientación, el sometimiento y el hambre. Asimismo habló sobre el deseo de tener un cuerpo ideal y cómo éste resulta en una obsesión autodestructiva que marca una estructura fragmentada en la novela.

Fotografías: cortesía del Seminario de Subjetividades Diferenciales y editadas por Sara Rangel, colaboradora de PLACERFEM. 

La última edición del Coloquio reafirmó la urgencia y la importancia de generar y habitar espacios donde los cuerpos feminizados y las disidencias puedan nombrar, pensar, disfrutar, desear y vivir sus pasiones sin las restricciones impuestas por la normatividad. 

La entrevista con Cañedo dejó en claro que estos proyectos nacen del deseo compartido por transformar la Academia desde adentro y volverla un espacio más vivo, sensible y colectivo. La invitación a preguntarse “¿por qué no?” resonó como un llamado a construir nuestros propios lugares de enunciación, a seguir las pasiones que nos atraviesan tanto en lo académico como en lo personal. El Coloquio, con su carácter festivo, afectivo y político, demostró que la comunidad puede ser una forma de resistencia ante la violencia, la vergüenza, y el silencio, y que la libertad de expresión sobre el cuerpo, el género y el deseo es una necesidad que no debe ser negociada.



Escrito por Cassiel Marmolejo 

El placer de las relaciones intergeneracionales entre mujeres en Hacks y The Devil Wears Prada

En una entrevista reciente, la actriz Kate Winslet se viralizó por decir que, de adolescente, tuvo sus primeras experiencias íntimas con mujeres y que esto la ayudó a entender la intensidad de la amistad de la protagonista que encarna en Heavenly Creatures1(Variety, Winslet). Esta declaración, por supuesto, no convierte a Winslet en lesbiana ni la hace necesariamente menos heterosexual, pero sí es sintomático de que el nivel de intimidad que se alcanza en las amistades femeninas puede tomar muchas formas. Independientemente de nuestra orientación sexual, es mucho más usual de lo que admitimos en voz alta experimentar distintos tipos de afectos por otras mujeres. De igual manera, es frecuente que nuestras amigas o mujeres cercanas mayores nos hablen de sexualidad. Como Winslet, de adolescente yo también lo viví así con otras chicas, pero aún hoy la complejidad de lo que nace cuando dos mujeres comparten tiempo, intereses, agenda política y/o secretos me parece un misterio emocionante a develar. Es mi propuesta, junto con la de muchas, que estas relaciones —sobre todo las intergeneracionales, por el conocimiento y energía que transmiten— son un terreno político inconquistable gracias a su fuerza y (aparente) sutileza simultánea. 

Dos buenos ejemplos de este tipo de relación son The Devil Wears Prada (2006) y Hacks (2021), por el lazo que se crea entre Miranda Priestly y Andrea Sachs, y Deborah Vance y Ava Daniels, respectivamente. En ambas historias, el vínculo inicial entre estos dos pares es profesional y no resulta placentero en lo absoluto, pues existe una tensión jerárquica. Tanto en la serie, Hacks, como en la película, The Devil Wears Prada, está la figura de la mujer exitosa, solitaria y amargada alrededor de sus sesenta años. Ésta, en un momento de desesperación, contrata a una chica mucho más joven que ella hacia el final de sus veintes. Las industrias difieren— en Hacks es la de la comedia standup y en TDWP la de la moda— pero progresivamente, las cuatro mujeres dan destellos de que, para cada una, se trata de una relación que profundiza más allá de lo laboral, puesto que en ella hay eventual complicidad, solidaridad y, según algunas interpretaciones, romance y deseo. Más que analizar de manera exhaustiva momentos específicos de la relación entre Miranda y Andy o Deborah y Ava, en esta reflexión me interesa resaltar el creciente interés cultural que hay por la imagen de la mujer adulta, sobre todo de la mujer envejecida, y sus relaciones con las más jóvenes, así como traer a colación la lectura sobre la ambigüedad romántica, erótica o sexual de éstas para dar cuenta de que el placer se compone de más elementos que sólo el sexo2. 

Cuando digo que hay un interés creciente me refiero a la proliferación de fanfiction escrita en torno a las cuatro protagonistas, así como a los números de vistas y taquillas que ambas piezas audiovisuales obtienen. Ejemplos de esto es que Hacks obtuvo cinco temporadas y The Devil Wears Prada tendrá una segunda parte, a pesar de que el largometraje salió hace dos décadas, en el 2006. Los miles de fanfics y cuentas de Instagram y X dedicadas a las interpretaciones lésbicas de Hacks y The Devil Wears Prada muestran la admiración, aprendizaje y lealtad que se da en los vínculos con mujeres de otras generaciones, y cómo los límites de la relación son difusos y crean confusión porque pasan de la condescendencia y el hartazgo a la confianza y la estimulación mutua. Así, el espacio de indeterminación que resulta de la mezcla de afectos en estas relaciones intergeneracionales es llenado en estas reapropiaciones al volver el elemento romántico mucho más explícito y presente. 

Por otra parte, ya que en las lecturas lésbicas de estas relaciones se acentúa la parte sexual, debo aclarar que, aunque Miranda y Deborah son madres, no estoy haciendo un equivalente con el paradigma de la MILF (Mom I’d like to fuck), el cual propone que “las madres sexualmente atractivas son una especie de excepción transgresiva” (La Otra, Geerts). Tampoco yéndome hacia la desexualización. Digo más bien que la diferencia de experiencias y de adquisición de conocimiento resultan estimulantes para ambas partes (o sea, tanto para las jóvenes como para las mayores), y que este tipo de estimulación intelectual es un componente importante para el ámbito de lo sexual, aunque sea frecuentemente olvidado. Por lo tanto, este tipo de relaciones no son una excepción que termina por des/hiper sexualizar a las mujeres mayores, sino un resultado de la intimidad particular compartida. Además, como Miranda y Deborah son mujeres de la tercera edad, ya sea que nos inclinemos por las lecturas lésbicas de The Devil Wears Prada y Hacks o por las más heterosexuales, la realidad es que ninguna de las dos opciones resulta heteronormada. La heteronormatividad, siendo el régimen que sostiene la norma social heterosexual, provoca e incentiva la competencia entre las mujeres por la atención masculina y la legitimidad —sobre todo si se trata de una mujer joven ostensiblemente guapa pero sin recursos y otra envejecida y exitosa—, en vez de amistades, relaciones profundas o con límites afectivos difíciles de fijar. En otras palabras, aún si consideramos la relación de Andy y Miranda o de Ava y Deborah 100% heterosexual, ésta no encaja por completo en la normatividad. 

Por otro lado, los encabezados y artículos que surgieron recientemente, a raíz de la relación de Cynthia Erivo y Ariana Grande3, sobre que la amistad está tomando el lugar del romance o la pareja, aunque no me parecen dañinos, olvidan que la sexualidad se compone de una plétora de códigos y elementos más allá del sexo. Como Winslet cuando habla sobre sus “primeras experiencias íntimas”, la ambigüedad está por todos lados. No sabemos si se refiere a besos, roces, pláticas, penetración, sexo oral o a cualquier otra de las miles de posibilidades que podamos imaginar cuando alguien habla de intimidad, sexo o placer. En esas relaciones que se dan entre generaciones se transmite conocimiento que amenaza el orden heteronormado de competencia femenina y por lo tanto, aquello que constriñe la vida y las decisiones de las mujeres. Este tipo de vínculo (romántico o no) intergeneracional sirve para lograr alianzas y, a veces, producir distintas visiones del placer y la felicidad femenina. 

De esta manera, Hacks y The Devil Wears Prada muestran el creciente interés en representaciones de lazos intelectualmente estimulantes entre mujeres que no son atravesados por la presencia masculina y que contienen potencias amistosas o románticas. Ese reconocimiento de una misma en la otra resulta mucho más emocionante —o al menos culturalmente relevante en este momento— que la clásica historia romántica de la pareja heterosexual4. El elemento de la edad importa no sólo porque hay una conservación y transmisión de conocimiento generacional, sino que también, de abajo hacia arriba, se comparte una perspectiva y energía que también es otro tipo de conocimiento del cual las mujeres mayores se nutren y estimulan. Ahí en donde Miranda y Deborah son duras y frías, Andy y Ava les muestran paciencia y flexibilidad, características (tal vez) de su juventud, que ninguna otra persona les ofrece, mientras que las más jóvenes aprenden de los límites, el prestigio, la experiencia, los errores y los aciertos de sus jefas. Ambas partes gozan porque se crea una relación especial, particular y específica que no es ni de pareja ni maternal/ filial. Ahora nos queda a ambos lados del espectro generacional la responsabilidad de buscar esos vínculos, cuidarlos, resaltarlos, narrarlos, representarlos, permitirnos vivirlos sin penas ni vergüenzas y celebrar el placer de experimentarlo. 

 Sara Estrada 


Notas al pie

(1) Esto resulta un tanto irónico porque Heavenly Creatures parece presentar un caso en donde las amistades “intensas” o “incontenidas” entre mujeres terminan en asesinato.

(2) En la cultura popular lésbica anglófona, el tropo de la mujer adulta que seduce a una mujer mucho menor es un cliché, un avatar estrechamente ligado a una historia de profunda lesbofobia. Desde la ficción pulp de la década de los cincuenta hasta las representaciones cinematográficas contemporáneas, este tropo ha sido utilizado para dañar las imágenes de las lesbianas puesto que son retratadas como seductoras de “niñas” o menores de edad. En estas representaciones las lesbianas, siempre las mayores, son personas con algún trastorno mental y que infringen violencia (física, emocional, sexual) a otras. Ante esto, la comunidad lésbica se ha reapropiado de ese tropo al rescatar historias de amores con una diferencia de edad que no resulta en la patologización de este tipo de relaciones.

(3) Las interacciones de las protagonistas de Wicked (2024) han sido leídas como románticas dado que, en las ruedas de prensa, éstas se tocan, se cuidan y hablan bien de la otra virtualmente todo el tiempo que están frente a la cámara. La opinión pública, aunque diversa, refleja un consenso en que culturalmente le asignamos valores negativos a las amistades que “no conocen sus límites”. Es decir que si en una relación platónica existen gestos que se parezcan a los que se tiene con las parejas, se le etiqueta de intensa y ya no puede más pasar desapercibida o como algo “inocente” y recibe la reprobación del público.

(4) Vemos estos vínculos todo el tiempo fuera de la ficción, por ejemplo, en las relaciones laborales-amistosas que tienen las directoras de cine con sus actrices favoritas: Greta Gerwig (42) y Saoirse Ronan (31) o Sofia Coppola (54) y Kristen Dunst (43), pero hacen falta esas historias.

Annah Einbinder y Jean Smart en Hacks (Still de MAX)

Citas
Entrevista Kate Winslet https://variety.com/2025/film/news/kate-winslet-first-intimate-experiences-women-12366186 94/
Artículo “Sexo y Maternidad” https://www.laotrarevista.com/2020/04/ambar-geerts-zapien/

Anne Hathaway y Meryl Streep en The Devil Wears Prada (Still de MUBI)

Deseo travesti, placer y trabajo sexual: Y si yo fuera puta de Amara Moira

La maratona de lectura Guadalupe Reinas se presenta cada año como una oportunidad emocionante para adentrarse en la literatura escrita por mujeres. Además de fomentar la comunidad y la lectura conjunta, sus consignas invitan a lxs participantes a ampliar el corpus de escritoras diversificando los temas que cambian cada año. Como parte de este reto de lectura, la equipa de PLACERFEM ha hecho una lista de sus mejores recomendaciones para la consigna de literatura erótica. Entre los libros que sugerimos se encuentra Y si yo fuera puta de la escritora travesti Amara Moira, quien cuenta el proceso que la llevó a ser trabajadora sexual desde su propia experiencia.

En este libro/diario, el placer y el erotismo se construyen paralelamente a la identidad de Amara, quien desde una decisión personal comienza a ejercer trabajo sexual: “Dar placer fue mi destino amargo, dar pero también recibir. Y si sentir placer de lo que uno trabaja fuera criterio para elegir la profesión, la mía ya estaba elegida. ¿Y si yo fuera puta? Bueno, ahora lo era”. Esta toma de agencia y curiosidad de la protagonista con el “y si yo fuera…” es lo que la motiva a experimentar con su propio deseo. 

De varios encuentros sexuales había descubierto elementos que le hacían sentir placer: el olor a hombre, el sudor de macho, los besos, la barba rasposa, “me hacía sentir más yo, más mujer”, en palabras de la propia autora. El texto no sólo retrata una transición en el modo de vivir para Amaira, integrado el trabajo sexual a su rutina de estudiante de doctorado en letras,  sino también representa la consolidación de su ser travesti. A partir de los encuentros con los clientes, reafirma o niega aspectos que conforman su identidad y lo que ella busca en su placer. 

Sin embargo, ¿qué pasa con los clientes violentos?, ¿cuáles son los aprendizajes del trabajo sexual?, ¿cómo cuidarse una misma?, ¿qué estrategias existen para priorizar el placer?, ¿qué pasa con el feminismo abolicionista? Estas son sólo algunas preguntas que responde la autora en este libro y que conforman también el deseo travesti.

A patir de la deconstrucción del deseo y la búsqueda por proponer y experimentar otros modos de vivir el trabajo sexual, Amara Moira nos acerca a una utopía en donde el placer y el goce transformen al dolor y la violencia que atraviesan las personas dedicadas a este oficio. Es por esto que incluimos el libro de Amaira en la lista para este Guadalupe Reinas, porque encontramos un acercamiento crítico y provocador al placer travesti escrito en primera persona.

Sthefany Canales

La escritora brasileña Amara Moira, autora de ‘Y si yo fuera puta’. Autoría: CINTIA ANTUNES